Ir al contenido principal

Red de Medios Proclama del Pacífico Noticias

Pico y Placa Lunes:
Popayán 9 y 0
Cali 9 y 0
Lunes, 5 de octubre de 2026

El problema insoluble de la Escritura

El-problema-insoluble-de-la-Escritura

El problema insoluble de la Escritura

El problema insoluble de la Escritura

   Un docente universitario, Guillermo Pérez La Rotta, es el compilador del libro que intento examinar: Por la escritura, publicado en el sello de Gamar Editores en 2013. En 148 páginas, cinco docentes y un estudiante en trabajo de tesis, todos de la Universidad del Cauca, comparten experiencias sobre una misma disciplina, la escritura. El libro se abre con la Presentación, que acentúa una mitología cuyo sustento es el prejuicio.

   En efecto, la obra nace como un “espacio de reflexión y diálogo en torno a las condiciones de la escritura en la academia”; y deja anunciado el mito: “debido a la deficiencia estructural que los estudiantes universitarios traen de la escuela primaria y secundaria”. En este juicio irrumpe el prejuicio, porque no se asume el compromiso de trabajar sin espejo retrovisor; dado que este “espejito espejito” es la imperfecta explicación de un supuesto fracaso. Lo propio dice el docente del colegio: “Los chicos traen de la escuela muy malas bases en lecto-escritura”; y los profes de la escuela pública echan la culpa del escaso vocabulario de los párvulos a la baja escolaridad de los padres de familia. En suma: si busco y encuentro al “culpable”, yo soy “inocente”. Y eso va a seguir, porque los mitos y prejuicios son eternos. Vale decir, que la mayoría de docentes en las instituciones educativas son egresados de la Universidad del Cauca. Legítimamente se puede traer la sentencia bíblica: “Por sus frutos los conoceréis”.

   El libro aborda desde distintos puntos de vista el problema de la escritura y su hermana siamesa: la lectura. La docente María Teresa Pérez Hernández trae el problema desde el itinerario de las grafías a través de la historia: “¿Cómo y hasta qué punto ese pacto tácito de la lectura puede volverse escritura?” Sus colegas y el estudiante de tesis intentan responder esto que, temerariamente, hemos rotulado como “problema insoluble de la escritura”.

   El docente Guillermo Pérez comienza su reflexión por el principio: “Las dos tareas de leer y escribir nunca son sencillas.” Y esboza términos que puestos en orden estructural podrían conducir a un taller de escritura para elaborar textos con coherencia, cohesión y sentido lógico. Habla de la “planeación”, a fin de llevar el pensamiento a cierto grado de concreción y precisión; y da paso a la “delimitación de un problema”, que se pueda “desplegar en la conexión lógica de sus partes”. Pero la delimitación del ensayo no alcanza a mostrar alguna evidencia del trabajo en el aula; aunque sí deja planteada la tarea: “se hace necesario revisar, desde la academia y sus facultades, las deficiencias que trae el estudiante y tomar medidas frente a eso…”

   La propuesta de la docente Mary Edith Murillo Fernández surge desde la observación y el trabajo de aula, que explicita como “dinámicas y tensiones de la lectura y la escritura a través del currículo”. Su base es también el fatídico prejuicio mítico, y ahora determinista, de los antecedentes de los estudiantes: “…no saben escribir en la universidad, debido a ellos mismos, a las condiciones precarias de la sociedad y a los docentes de la secundaria.” No obstante, el interés de su propuesta está en que la razón por la que los estudiantes no escriben va más allá del obstinado comodín. Y habla de una disyuntiva aún no resuelta en la universidad, y sin ello sí que es difícil acometer una didáctica seria y rigurosa de la escritura; dice Mary Edith: “o se enseñan cursos generales con temáticas compartidas por varias disciplinas, o se hacen cursos particulares de lectura y escritura con los géneros discursivos de cada disciplina”. Y para mostrar la dimensión del problema, la docente grita un secreto: “Encontramos una marcada tendencia al plagio en la producción escrita. Y nos preguntamos: ¿se ha vuelto el plagio una forma de escritura generalizada en el aula de clase?” Con semejante “revelación” hasta la formulación del problema se debe cambiar.

   En el puzzle reflexivo/narrativo sobre lectura y escritura, el docente Juan Carlos Pino Correa advierte que la forma como se aborda el problema no ha sido la más adecuada, dado que a veces se convierte en “una carga insoportable”; Pino Correa sugiere optar por la simplicidad, que es donde está la profundidad de las cosas: “motivar y promover la imaginación y la creatividad”.

   El estudiante de tesis, que ha vivenciado todo el ciclo académico, Leonel Plazas Mendieta (“José Gadhafi pm”), vindica el rol de su padre, quien le reveló temprano la epifanía de la lectura y la escritura. Un padre que con una escolaridad básica leía todo lo que le caía en las manos. Por eso, dice Leonel, antes de la escuela la escritura ya caminaba con él. Una verdadera bofetada a las veleidades del mito y el prejuicio. Con un pie fuera del claustro universitario, Leonel confiesa las contradicciones que se viven en el interior de la Universidad, que él debió sortear, ¿y los demás estudiantes?: “…tuve discusiones con académicos que sostenían la soberanía del escritor como un valor burgués.” Y destaca y agradece lo que significó, para él, el aporte del editor en la revista Reverbero: “…con la experiencia del editor vine a pensar seriamente el problema de la ortografía y la redacción”. ¡Cuánta falta hacen las revistas en las Facultades de la Universidad!

   El libro se cierra con la sacerdotisa voz del poeta, Felipe García Quintero. Para alcanzar la “redención”, anuncia, es menester “cargar con la procesión de tu vida”, a través de la escritura.

**********************************

Otras publicaciones de este autor:

El problema insoluble de la Escritura

Articulos relacionados

lunes 5 octubre, 2026 a las 4:22 pm

Pescado del Pacífico chocoano busca nuevos mercados

lunes 5 octubre, 2026 a las 4:16 pm

De La Espriella activa Urano y descarta diálogos

lunes 5 octubre, 2026 a las 3:33 pm

Suárez llevó su voleibol hasta Silvia