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Jueves, 1 de octubre de 2026

El paseo de la muerte

Alvaro Rojas Urbano
Por: Álvaro Jesús Urbano Rojas

Ayer madrugué a las cinco de la mañana a recibir una orden de apoyo en mi EPS., en la cola había más de cincuenta personas; me conmovió la presencia de un viejo octogenario que me antecedía cuyo estado de salud apenas le permitía sostenerse en pie, sin desayuno y con un tinto como aliciente de vida, estuvo a punto de perder el sentido y no pocas veces lo aguanté en mis brazos para que no desfalleciera.

Después de dos horas de espera el pobre viejo le suplicaba a una atribulada funcionaria le solucionará su situación. Hacía más de tres meses el especialista le había ordenado la práctica de un examen de alta complejidad, necesario en una intervención quirúrgica por cáncer de próstata cuyo trámite se había convertido en un eterno ir y venir sin solución para su dolencia.

La funcionaria inadvertía la decrepitud del moribundo, quien temía ser forzado a acudir a la Acción Tutela para que se le respetara su derecho constitucional a la vida y a la salud y no ser otra de las víctimas del inoperante, colapsado y deshumanizado sistema.

Incómodo ante el dramático episodio, intervine algo molesto, sin perder la calma me dirigí a la funcionaria haciéndole caer en cuenta del estado postrero del anciano. Señorita, le dije, ¿Será posible que la EPS., le dé prioridad al señor y le haga llegar a domicilio la orden de apoyo? El señor está muy enfermo y me comenta que no tiene más familia que su anciana esposa que está en peor situación de abandono y desamparo. Ella, alzó su mirada y con sus ojos exorbitados expresó su enojo, sin musitar palabra me hizo sentir como un sapo entrometido. Me tranquilicé al escuchar que mis palabras surtieron efecto, la funcionaria en el afán de descargar la nutrida fila le solicitó el copago y le dijo: Deme sus datos para remitir el documento a la oficina de atención al usuario, le advierto que por ese conducto la orden se le puede demorar hasta cuatro meses.

No pude contener la risa, cuando con exquisito humor patojo el anciano le respondió: si es tan amable la señorita, me puede hacer llegar la orden de apoyó al bloque cuatro, bóveda 306 del cementerio Central en el Barrio Pandiguando de la ciudad de Popayán. En cuatro meses tendré como epitafio… “Aquí yace José Macrobio Sánchez, q.e.p.d. un hombre que por viejo y costoso lo mató el sistema de salud”. Dio vuelta y como dice la canción, perdonando el tiempo a paso lerdo se marchó, dejando en evidencia la inoperancia de nuestro caótico sistema de salud.

Cierto día un filósofo griego daba un discurso sobre la vida y la muerte. Un lacayo para ridiculizarlo por orden de su mentor, sacó de su túnica un pajarito y le preguntó: ¿Qué tengo en mis manos la vida o la muerte? Si el orador decía la vida, el hombre estrujaba al pajarito y lo sacrificaba, si por el contrario decía la muerte, lo liberaba dejándolo volar. El filósofo adivinó la mala intención y con especial certeza afirmó: En tus manos tienes la capacidad de decidir entre la vida y la muerte.

El Estado colombiano dejó en manos de las EPS la capacidad de decidir entre la vida y la muerte, ellas en su afán de lucro optaron por la muerte.