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Jueves, 1 de octubre de 2026
lunes 4 enero, 2010 a las 2:08 pm

El monumento dedicado al héroe ecuatoriano, Abdón Calderón

En Tulcán, Ecuador.

Alfonso:

El artículo sobre la negritud de Bolívar está ilustrado con la imagen de una escultura, el caballo totalmente en el vacío se sostiene únicamente con las dos patas anteriores, ¿quién es el autor de la escultura?

Me llama muchísimo la atención pues cuando trabajaba en el Instituto de la Reforma Agraria y dentro de las correrías de una de nuestras tareas ‘incoreanas’ por las tierras del sur, en la población de Córdoba, le pedí al chofer que frenara el jeep, mi compañero en esas andanzas era José Leonel Torres, importantísimo hombre de negocios en la actualidad, con una soberbia oficina en todo un piso del Centro Comercial Santa Bárbara, en Bogotá.

Tanto él como yo, totalmente lelos, contemplábamos el Bolívar ecuestre en yeso, el caballo totalmente en el vacío y si mal no recuerdo, se sostenía con una sola de las patas anteriores, obra de un escultor local cuyo nombre en estos momentos no recuerdo, pero más maravillosa e impresionante fue encontrar ese mismo monumento en bronce en Tulcán, más elaborado, más rico, más voluminoso y soberbio.

Tulcán es una de mis mas hermosas experiencias de niño, allí con mi hermano Eddie, que falleció en Cali hace algunos años, iniciábamos una serie de aventuras parecidas a las que describe Mark Twen, nos escapábamos de la escuela, pero el profesor Luis Vaca, seguramente entonces de unos 24 años de edad, falleció poco tiempo después, nos tenia un especial afecto, a pesar de que »capábamos» clases nunca estuvimos por detrás de nuestros compañeros. “¿Por qué no aprenden de estos niños?”, reclamaba don Luis Vaca a sus alumnos, pero un compañero de clase levantó la mano para pedir “audiencia”, el Maestro se la dio, entonces vino la fatal acusación: ¡es que ellos se la pasan metidos en la biblioteca!

Era cierto, nuestra afición por la lectura comenzó mucho antes de ir a la escuela, cuando recibíamos el suplemento de uno de los periódicos dominicales que traía una página entera de historietas y mamá era entonces la responsable de leernos los textos encerrados en los globitos que salían de la boca de los personajes dibujados a todo color, me parece que en especial nos llamaba la atención Sandokan, que luchaba por la libertad de la India contra los ingleses.

Además de los numerosos libros de aventuras que encontrábamos en la Biblioteca Pública de Tulcán, allí me informé de Ulyses y Telémaco, creo que estábamos enamorados de la bibliotecaria, la hija de un poeta que llamaba mucho la atención por su vestimenta, el traje era gris, pero usaba una amplia capa negra y también un sombrero negro de alas anchas.

Sabíamos quién era el Poeta. Una tarde lo encontramos en casa cordialmente conversando con papá y mamá, sobre todo con mamá que hablaba francés, él también. Muy atrevido me acerqué a saludarlo, y le hice una pregunta: ¿por qué no nos invita a su finca? Sorprendido, lanzó una agradable carcajada. Muy bien, muchacho, ¿cuántos sois? Hice cuentas con los dedos: mi hermano Eddie, los dos hijos del Cónsul de Colombia y Julián Romero, el hijo del médico. Cinco, le contesté. Perfecto, aprobó, el sábado les mando los caballos. Cumplió.

Fuimos todo ese día huéspedes de honor en su pequeño rancho. Ana Lucia, su hija, la bella bibliotecaria de espesa melena oscura y ojos que brillaban como estrellas, nos hizo el honor de atendernos. Como la ráfaga de un viento cálido y cordial me vinieron estos recuerdos allí frente a ese hermoso monumento dedicado al héroe ecuatoriano, Abdón Calderón, casi de pie en los estribos y con el estandarte tricolor flameando como una antorcha de bronce amarillo en su mano izquierda, con la derecha sostenía las bridas del cuadrúpedo.

En la tarjeta postal que adquirí leí al reverso que el autor era colombiano, sé que esa tarjeta la tengo en casa, en La Morada de Jamundí, entre muchos de mis recuerdos.

Feliz Año, Alfonso.

Un abrazo, Neftali Sandoval Vekarich
Belgrado, enero 4 de 2010

Nota del Director:

Estimado Neftalí: efectivamente, la estatua con que me atreví a ilustrar el artículo de nuestro editor, Luis Alberto Barrera Moreno, se encuentra al sur de Colombia, en el departamento de Nariño, pero está ubicada en el Parque Simon Bolívar del municipio de Tangua (la ‘bajé’ de la página oficial de dicho Municipio), que queda a tan solo 28 kilómetros al suroccidente de Pasto. El municipio de Córdoba, al que tú haces referencia, está mucho más al sur, limitando con el Putumayo, a unos 90 kilómetros de la capital nariñense. Desconozco quien es el autor y no figura información al respecto en dicha página. Agradecería a nuestros lectores que sepan este dato hacérnoslo conocer. Y aquí, para tu recuerdo gráfico, la otra foto, la de Tulcán, en Ecuador, a la que tú haces referencia en tu escrito, la estatua del héroe ecuatoriano, Abdón Calderón. (Fotografía original: http://uy.kalipedia.com/geografia-ecuador/tema/geografia-politica/fotos-parque-ciudad-tulcan.html?x1=20080803klpgeogec_25.Ies&x=20080803klpgeogec_27.Kes).

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