El Miércoles de Ceniza
Pbro. Edwar Gerardo Andrade Rojas
Párroco Iglesia de la Santísima Trinidad
Santander de Quilichao
“Conviértete y cree en el Evangelio” Marcos 1, 15
El próximo 22 de febrero es miércoles de ceniza, recordemos primero que La Pascua (Celebración sacramental de la muerte y resurrección de Jesucristo) es la fiesta central del cristianismo y se celebra anualmente durante el Santísimo Triduo Pascual, desde la Eucaristía en la Cena del Señor, el jueves Santo hasta el domingo de Resurrección. Los primeros cristianos sintieron la necesidad de hacer una seria y larga preparación a esta fiesta. Desde el Siglo II se consolida un ayuno como preparación a la Pascua. A finales del siglo IV encontramos que la estructura de la cuaresma es de 40 días, considerados a la luz del simbolismo bíblico, sobre todo se tuvo en cuenta el retiro y ayuno de Jesucristo en el desierto (ver Mt 4, 1-11; Mc 1, 12-13; Lc 4, 1-13). La Iglesia quiere que entremos en este tiempo de preparación a la Pascua, de una manera litúrgica, comunitaria, humilde y responsable. Esto se hace el miércoles de ceniza. Este día empezamos un tiempo que pone énfasis en la conversión, una etapa del año en la que nos ejercitamos en la renuncia al mundo, a la carne, al pecado y al demonio; tiempo en que la Iglesia manda la penitencia, que consiste en oración, abstinencia y caridad, acompañados del arrepentimiento por nuestros pecados. Así nos unimos a la muerte de Cristo, para resucitar con él, al mismo tiempo que nos fortalecemos en él para vencer al mal en nuestras vidas. La ceniza se impone sobre nuestra cabeza como signo de penitencia y nos recuerda que este mundo es material, temporal, pasajero. Mientras que hay que someter todo a la vida nueva y eterna que Cristo nos regaló el día del Bautismo, por los méritos de su gloriosa Pasión y Resurrección. Tengamos en cuenta que “la alienación principal del hombre es su lejanía de Dios. Las otras alienaciones son consecuencias prácticas de la alienación radical” (Carlo María Martini) por tanto en cuaresma, decidámonos a dar pasos concretos hacia nuestra conversión.
Algunos de los pasos que hemos de seguir para nuestra conversión son: Reconocimiento del pecado: “El creyente comprende en profundidad la raíz del pecado cuando ha experimentado en Cristo y por la acción del Espíritu Santo la salvación que viene del Padre” (Ignacio González). En sus primeros pasos, la conversión es obra del Espíritu Santo en nosotros, ya que sólo Él puede darnos la capacidad y la voluntad para volver a Dios. “La voy a seducir: la llevaré al desierto y le hablaré al corazón” Os 2, 14.Puedo hacerme algunas preguntas: ¿Qué puesto ha ocupado Dios en mi vida? ¿Es el centro, ha estado marginado o ignorado? ¿Es sólo un recuerdo egoísta en caso de necesidad? ¿Lo amo con todo mi corazón, mi mente y fuerzas? ¿Con qué personas yo necesito reconciliarme? ¿Qué pecados de omisión hay en mi vida? ¿Cómo está mi amor con los semejantes, particularmente con mi familia y comunidad? ¿Qué cambios de actitud debo realizar en relación con los otros? ¿Qué sentimientos de odio, venganza o resentimiento encuentro dentro de mí? He luchado contra ellos o por el contrario los he alimentado? ¿Qué comportamientos viciosos manchan mi vida y mi dignidad como hijo de Dios? “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no hay verdad en nosotros, pero si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es El para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda iniquidad” 1 Juan 1, 8-9. Arrepentimiento: Pero, aunque la conversión es obra de Dios, el pecador libremente responde: “Me levantaré, e iré a mi Padre” Lucas 15, 18. El arrepentimiento o contrición es un dolor de corazón por el pecado cometido pero con el propósito de no pecar en adelante. Es retorno al hogar, vuelta a casa, reencuentro con el Padre. Dolor y tristeza de haber lastimado y ofendido a quien se ama; pero tristeza no como la del mundo, que produce muerte, sino tristeza según Dios que lleva a la conversión (2Cor 7, 9-10). Confesión de pecado: necesitamos reconocer y confesar explícitamente nuestros pecados ante Dios “Si confesamos nuestros pecados fiel y justo como es El, nos perdonará nuestros pecados y nos purificará de toda iniquidad” 1 Jn 1, 9. Necesitamos además hacer una renuncia explícita a Satanás y a todas sus obras, confesar externamente la voluntad de renunciar y de cortar con todo ese tipo de acciones. Pero además necesitamos acudir al sacerdote y confesar nuestros pecados, especialmente cada pecado grave, para recibir la expresión y ratificación del perdón de Dios por la absolución, en el sacramento de la reconciliación (Santiago 5,16; Jn 20, 23). Reparación y reconciliación: el arrepentimiento, para restaurar la unión de amor con Dios, exige resarcir los daños causados y reconciliarse con el hermano. (Hch 26,20; Lc 3, 10-14).
ORACIÓN PARA EL MIÉRCOLES DE CENIZA:
Que el día de ayuno con el que iniciamos,
Señor, esta Cuaresma, sea el principio
de una verdadera conversión a ti,
y que nuestros actos de penitencia
nos ayuden a vencer el espíritu del mal.
Abre nuestro corazón
a la justicia y al amor
para que observemos así
el único ayuno que tú quieres,
y que conduce a nuestra salvación.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.
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