Un músico y personaje típico de Bolívar, Cauca

Alfredo Velasco nació el 26 de agosto de 1935 en Bolívar, Cauca. Sus contemporáneos lo llaman “Belina”, los jóvenes “Magistro” y otros lo recuerdan como “Churocho”. Reconocido por su alegría, sencillez y carácter festivo, es considerado un referente de identidad en la comunidad bolsiverde.
A sus casi 90 años, conserva la jovialidad y la pasión por la música que lo acompañaron desde niño, cuando ayudaba a su madre Martina y a su hermana Teresa (Q.E.P.D.) vendiendo empanadas, rosquillas y tamales en las calles empedradas del municipio.
Oficios que marcaron una vida

De niño aprendió a trabajar y se hizo popular como maestro en resanes de paredes de bahareque. Utilizaba mezclas de boñiga y paja para reparar fachadas coloniales, lo que lo convirtió en un artesano muy solicitado. También se destacó reparando techos y goteras en temporada de invierno.
Con su escalera y su hisopo de cabuya, Alfredo fue símbolo de esfuerzo y creatividad en un pueblo que reconocía su honradez y responsabilidad.
Alfredo Velasco y la música bolsiverde

La música siempre acompañó su vida. Participó en la Banda de Nuestra Señora de Lourdes y en diversas agrupaciones locales. Fue conocido como “el conserje” de la cultura musical del pueblo. Durante la alcaldía de Rómulo Hernán Burbano Vásquez, integró la nueva banda municipal, tocando los platillos con disciplina y entusiasmo.
Con los años, se convirtió en el músico de mayor edad en activo, presente en retretas y desfiles que animaban parques y celebraciones de la región.
Hoy, Alfredo sigue recorriendo las calles de lo que alguna vez fue el Cuartel Libertador del Sur, donde los locales lo invitan a compartir en sus reuniones. Su buen humor y su carácter afable lo han hecho el alma de las fiestas.
El hincha y el bailarín incansable

Dentro de Bolívar, Alfredo también es recordado como ferviente hincha del Club de Fútbol Independiente de Bolívar, incluso en contravía de su propia familia y vecinos. Cuando perdía su equipo, llegaba a casa por el solar, cruzando una quebrada, para evitar bromas y burlas.
Velasco nunca dejó a una mujer sentada en un baile. Su tema favorito, «La pluma y el pavo real», le hacía recordar a su compañera de baile, Fulvia Daza Castro (Q.P.D.). Cuando está embriagado, siempre entona un fragmento de su canción predilecta: «ahí va llegando la luz del sol amada mía».
La Quincalla: Un lugar para los amigos

Alfredo también fue propietario del bar «La Quincalla», un lugar que se convirtió en punto de encuentro para sus amistades. Hoy, su grito de alegría «¡bailarán chiquillos!» lo sigue acompañando en cada cumbia que baila.
Para los bolsiverdes, Alfredo no es solo un personaje popular. Es un testimonio vivo de tradición, esfuerzo y alegría colectiva. La comunidad lo celebra como un símbolo de identidad que sigue marcando la historia del sur del Cauca.
Este medio de comunicación y todos sus paisanos le desean un feliz cumpleaños, y que la vida le conserve por muchos años. Un abrazo fraternal.
Otras publicaciones de Jesus Alberto Aguilar en Proclama del Pacífico:
