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Viernes, 2 de octubre de 2026
martes 15 marzo, 2016 a las 6:24 pm

EL LIBRERO CASTILLO

Álvaro Castillo Granada y Gabo

Armando Orozco Tovar

Armando Orozco Tovar.

Entre los libros, que suele traer periódicamente a Alegría de Pío, (nombre de nuestro refugio bogotano) Álvaro Castillo Granada, un día trajo el texto de ensayos: Cuba – Colombia: sobre los vínculos independentistas entre dos países hermanos en el siglo XIX.

Por el correo fantasmagórico, como se refería el escritor Álvaro Mutis al internet, llegó del librero-viajero una crónica, titulada: “José Rogelio Castillo”, que dice en su primeras líneas: “Una sucesión de azares fue lo que permitió, hizo, que el 13 de marzo, me encontrara con un libro que no sabía que existía…”: La autobiografía, del general José Rogelio Castillo, editorial Ciencias Sociales, 1973.

Y como no somos más que palabras, veo que éstas, en el misterio del lenguaje, se entrecruzan conformando hitos en la imaginación, el recuerdo y la nostalgia. Un día 13 de Marzo de 1973, oyendo por radio, la conmemoración del asesinato batistiano del líder estudiantil José Antonio Echavarría, bajaron a nuestro apartamento de la Calle Línea 207, el poeta y periodista Roberto Branly, fallecido y Migdalia su esposa, que vivían en el mismo edificio del Vedado.

Roberto del bolsillo de la impecable camisa, extraía siempre un poema, escrito antes, pulido y decantado, con la misma pulcritud puesta a sus crónicas, artículos y notas de cine, confeccionadas con el apoyo del completo archivo, dejado por su amigo de infancia, el escritor residente en Londres, Guillermo Cabrera Infante.

Branly daba a Isabel para su lectura en voz alta, su poema. Migdalia su compañera, era una mujer serena, callada, prudente Era solo una sonrisa monalisesca, con ojos escrutadores, observadores, dentro de aquel “Refugio de desamparados”, bautizado así por Rodolfo Saldaña, excombatiente de la guerrilla del Che, que de cuando en vez nos visitaba. El boliviano apodó así el lugar por ser concurrido por estudiantes de Periodismo, quienes aprovechaban la visita para consultar la amplia biblioteca, que poseíamos en Línea, conformada por libros, donados gratuitamente a sus alumnos por la Facultad de Periodismo de La Universidad de La Habana. También adquiridos en el taller sabatino de escritores Hermanos Saiz. En las librerías de intercambio y los que traían los amigos como Rafael Rivera, nuestro profesor de filosofía. Entre ellos la biografía del expedicionario colombiano, que vino con doscientos a luchar por la independencia de Cuba, una operación organizada por el ingeniero cubano Francisco Cisneros, llegado al país para tender las primeras líneas férreas.

El libro del general Castillo, que fue amigo respetado y querido por el Apóstol José Martí, Isabel y yo, lo devoramos al no saber nada del compatriota, que le dio tanto al país, que en ese momento nos acogía con solidaridad, exigiéndonos sólo felicidad bajo su inmenso cielo azul. Viendo el retrato del general, que trae el ensayo de Nydia Sarabia Hernández, editado por la Universidad Nacional de Colombia, y el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, algo se le asemeja al librero Castillo Granada.

Sabemos que Álvaro con su crónica, indirectamente quiso comunicarnos la noticia del fallecimiento de Migdalia, pero sin advertirnos de su deceso, para librarnos del dolor por su muerte. Y como una hípica jugada de ajedrez, nos lo dijo de otra manera, enviándonos su texto, escrito al descubrir por azar, en una librería habanera, la biografía de su pariente el general colombo- mambí, que amó a Cuba como él hoy la ama.

Alegría de Pio. Martes 15 de marzo 2016/6:30 a.m

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