EL LADRÓN DE BAGDAD



«Soy Abú el ladrón, hijo de Abú el ladrón, nieto de Abú el ladrón», y comienza la aventura. Y entonces la fantasía es el libro de las bellas esperanzas; se cumplirán pasando las pruebas.
La bella princesa es como fruta prohibida. «Debemos esperar esa palabra que pronuncian los hombres. Y cuando, corazón mío, sea para ti, late con fuerza pensando que puede ser verdad».

Desde el otro lado del mundo, desde el comienzo del tiempo, se realiza el reencuentro amoroso, el sueño donde se colman el corazón y la fábula. Y todo buen cuento es envolatador, más si va prodigado de bellezas visuales, fantásticos expedientes fílmicos para el ingreso a la utopía. Y esto, cuando los besos eran castos en el celuloide y las escenas llenaban el buen esparcimiento con cuentos de la Edad Dorada en la Tierra de la Leyenda.
¡Qué maravilla! Oriente con toda su belleza legendaria; color, magia y fantasía están en cada esquina del tiempo, promiscuidad de fábula y realidad; como la riqueza del sultán, con su palacio de los mil juguetes, que todo el mundo admira; y la regocijante trama, donde los celos y sortilegios del mago negro rivalizan con el príncipe, verdadero dueño del corazón de la princesa.
Producción británica de 1940, dirigida por Lwdig Berger y otros, con Sabú, June Duprez y John Justin, realiza el clásico salto a las leyendas de Arabia que soñamos en la infancia, y que recobrarlo a través de la red internet nos da poder para el vuelo y el entretenimiento.
RVQ



