El invierno: Torrentes de Imprevisiones.
Por: Luís Barrera M.
Que llueva torrencialmente en todo el territorio nacional no es noticia. Que se inunden miles de hectáreas de tierras cultivables y barrios subnormales de las ciudades, que se taponen carreteras por deslizamientos y que se registren lamentablemente pérdidas humanas y miles de colombianos lo pierdan todo, a causa de los desbordamientos de quebradas, caños, lagos y ríos, mucho menos.
Esta es la noticia de cada año, sólo que en esta ocasión el invierno venía acompañado del llamado “Fenómeno de la Niña”, cosa que advirtieron los metereológos y estudiosos del clima, además de los organismos de socorro y salvamento del país, porque las emergencias siempre han existido.
Cada año se repiten cíclicamente las mismas conductas de la sabia madre naturaleza y los estragos incontrolables por la fuerza devastadora de las aguas ponen en aprietos a las autoridades y a las comunidades que siempre van a la deriva. Como si fuera la primera vez que hay temporada de lluvias en el Chocó o inundaciones en las orillas de los ríos Cauca y magdalena.
Pocas cosas hay más previsibles que el ir y venir de las largas temporadas de lluvias o crudos inviernos como el que tiene en calza prietas al país y prácticamente en estado de emergencia y desastre. Es eso tan cierto, que desde tiempos inmemoriales los primeros humanos aprendieron a prever los cambios climáticos correspondientes a ese ciclo, a convivir con ellos y a adecuar a ellos su conducta. Nunca a nadie se le ocurrió decir que la llegada del invierno no estaba prevista, o que la época de lluvias llegó sorpresivamente pues, con relativamente pocas excepciones extremas, las temporadas secas y las lluviosas se repiten con suficiente regularidad para tomar previsiones.
Si bien es cierto este ha sido el más crudo invierno en las últimas décadas el cual ha obligado al gobierno nacional a recurrir a la cooperación internacional para destinar recursos extraordinarios para paliar los efectos y estragos de la ola invernal con miles de damnificados, para afrontar la emergencia que como siempre encuentra a todos desprevenidos. Se crean comisiones, se toman medidas de urgencia, se hacen recolectas solidarias y así… hasta el próximo año.
Este año, como ya es habitual pues la misma historia se repite sin excepción cada que llega la época de lluvias, se siguió el procedimiento que ya es rutinario. Como es fácil constatar, es una historia que se repite desde hace muchas décadas sin que alguien pueda explicar por qué se insiste en actuar de ese modo y no se opta por hacer cuanta inversión sea necesaria para dar al problema soluciones de fondo.
Para que el próximo invierno no siga siendo un torrente de imprevisiones ya es hora de que se acometan las obras de infraestructura en las zonas ribereñas, en los alcantarillados fluviales o de aguas lluvias, las vías con alto riesgo de deslizamientos, los diques, canales y demás protecciones en los campos y sectores urbanos, y así, una vez más se dejen de repetir el cada vez más previsible ciclo de imprevisiones.
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