El iniciado y su mundo


Con el sugestivo título de Las palabras y los cuadros e invitación del Festival de Música Religiosa de Popayán, el sábado 12 de abril a las 11 a.m., en el foyer del Teatro Guillermo Valencia, el maestro Rodrigo Valencia Quijano inauguró una muestra excepcional.
Son criaturas respirantes, efigies sublimadas entre la realidad y el sueño. Danzan, piensan, destellan. Lo certero de la línea no las deshumaniza ni lo cambiante del trasfondo las desorienta. Ágilmente se desplazan como detrás de un velo. Lejos de endurecer o estigmatizar, la figura geométrica ocupa el lugar que le corresponde junto a un perfil de nácar. Tinta y pluma se confabulan para responder las eternas preguntas. Como desde una cámara remota nos acechan. Son las hijas de un tiempo inmemorial convocadas por el hombre que camina desde lo más remoto de nuestra soledad. Rostros que trascienden la banalidad del papel, cabelleras donde nace otra historia, vestiduras como flores abiertas, temblor y persistencia de un río subterráneo y poderoso.
Rodrigo Valencia es uno de los referentes más exclusivos de esta ciudad fantasmagórica. Músico, poeta, pintor, dibujante de percepción y pulso exquisitos, se bebe la ciudad en silencio. Ahí engendra y alumbra. Decantó la diafanidad de la armonía, la pureza del color y la nobleza de la figura entre tanta estridencia que perturba la noche para sembrarse en tierra bien servida.
Perteneciente a una familia aprovisionada con largueza para transitar los caminos del arte, a ese caudal se debe. Como si fueran los integrantes de una cofradía milenaria, todos conocen el secreto. Todos lo desdoblan y lo multiplican. Son los grandes iniciados, administradores y orfebres de una historia que solo se dora al resplandor de las fogatas ancestrales. Ya lo dijo Helena Blatavsky: Busquemos la verdad en la confianza de un niño y en la voluntad de un iniciado.
Por esa marejada que viene dando tumbos desde lejos, este hombre sencillo avanza pleno de elocuente silencio, desbrozando pequeñeces antiguas, hecho a inviernos y veranos renovados en estaciones sucesivas.
Las palabras y los cuadros se titula su perturbadora exposición. Palabras y cuadros de su autoría como puntos cardinales en un solo paisaje sin edad como todo lo que habita más allá de las palabras.
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