EL HUMANO «SANTRICH»



EL HUMANO «SANTRICH»
Parecía una escena de la película El Lobo de Wall Street de Scorsese. «Así fue la novela de la liberación por la JEP y la recaptura de Seux Paucias Hernández Solarte, Jesús Santrich», es un titular del El Tiempo el día de ayer, con las idas y venidas del personaje vestido de blanco. Los escenarios son distintos pero el tema, las secuencias de ceremonia entera, el vestuario, las idas y venidas, la llegada de las autoridades y su recaptura a las 6:45 p.m.… toda una película que duró casi la tarde entera transmitida por Internet.
Cuesta verlo sentado impotente con gafas negras, vestido blanco de gala y su pañoleta española sobre hombros y espalda. En momentos anteriores lucía locuaz y alegre con la seguridad de un hombre libre y astuto. En realidad, él estaba seguro de que después de su charla amena sin la presión de escoltas ni aparato policial estaba a un paso de la libertad. Estaba a su lado un hombre raro y mudo y al otro lado una hábil periodista.
En la entrevista con María Jimena Duzán, Jesús Santrich lució sereno, elocuente y astuto. Muchos pensarán que siendo Santrich una ficha tan importante, está blindado de que le suceda algo como una detención o un atentado. Aunque tal vez lo sabe y se cuida. Y, como dicen, estará blindado con guardaespaldas, hombres que están detrás y delante de él.
Me di cuenta de su llegada a la cárcel de la Picota. Toda una parafernalia de escoltas, de carros y de sustos para alguien que no entiende mucho de llegada a este sitio y a qué. Pero allí hubo cierta confusión: cambio de vehículo, cambio de guardia, intercambio de responsabilidades. Siente uno que allí pasa algo que huele a raro. Sin que uno sepa de estrategia, de defensa personal y de si había un peligro, a todas luces el ambiente era oscuro aunque no estaba cercana la noche.
Muy triste que alguien que tiene cierta libertad para ir y venir a pesar de su pensamiento político y revolucionario, sea limitado a obrar por miedo a las «autoridades» que dependen de la fuerza para hacerse valer. A esta hora que escribo, no creo que Santrich tenga en su cinto ni una navaja y ni un fósforo. Lástima que aún las «autoridades» crean que pensar distinto es revolucionario y que lleva consigo en el alma una carga peor que la dinamita.
Lo vi sentado al lado de María Jimena. Un hombre más que maduro. Cansado. Había que ver a la periodista charlar con él con respeto. Sabía que estaba ante una autoridad, inteligente y astuto. Las apariencias engañan. Hace uno comparaciones con dignatarios del gobierno con este señor que está vestido como cualquier senador o alcalde y les gana en astucia, teoría del Estado, porte civil y seguridad personal.
Mírenlo ahí, sentado, rodeado de soldados. ¿Cómo se siente él? ¿Cómo se sentirán ellos? ¿Quién es él y quiénes son ellos? Todo un batallón para cuidarlo, como a una cureña en paz.
18-05-19 8:39 p.m.
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