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Martes, 6 de octubre de 2026

El humano: el depredador mayor.

El humano: el depredador mayor

Imagen por: https://chatgpt.com/

FELIPE-SOLARTE-NATES

Entre el desbarajuste que introdujo la segunda presidencia de Trump en el desordenado “orden mundial”, una de sus declaraciones que generó mayor polémica fue la aseveración de que el calentamiento global no existe y es un invento de los izquierdistas para detener la llamada libertad de empresa y el “progreso”.

Por esta razón retiró la vinculación y el apoyo del gobierno de los Estados Unidos a los acuerdos mundiales encaminados a controlar las emisiones de gases principalmente generados en los grandes países industrializados y la acelerada deforestación de la Amazonia y reductos de selvas africanas.

También frenó sus aportes a las agencias internacionales encargadas de cumplir estas labores y la financiación de programas de preservación de ecosistemas y recuperación de los intervenidos y a ONGS encargadas de estas actividades.

El contemporáneo desarrollo científico y recientemente las herramientas de Inteligencia Artificial han permitido que alcancemos una visión global e interdisciplinaria de la tierra considerada como un ser vivo y en evolución, incluidas todas las formas de vida micro y macrocelular que a lo largo de millones de años se han formado, crecido y desaparecido en el planeta al interior de la atmósfera y biosfera.

Por lo que conocemos el planeta ha pasado por alternadas épocas de glaciaciones y deshielos.

Los macrocambios climáticos y estudios geológicos han evidenciada que en lapsos de milenios regiones del planeta que antes eran grandes selvas y bosques hoy son desiertos, y viceversa.

El más reciente deshielo se inició hace cerca de 11.000 años y fue acompañado de la desaparición de numerosas especies como los mamuts, los tigres colmillo de sable, entre otras y de parientes humanos como los Neandertal que convivieron con el sobreviviente Homo Sapiens.

En mitos de pueblos que dejaron sus historias en tablillas cuneiformes como los asirios (actuales iranies) en la epopeya Gilgamesh, por primera vez, se escribe un testimonio sobre el llamado diluvio universal, que coincide con los años del deshielo. Los hebreos cuentan este fenómeno climático con la historia del arca de Noe; mientras por narración oral de los chibchas conocemos la historia de Bachué, desaguando la sabana de Bogotá al tocar con su vara la montaña en lo que hoy es el reseco Salto de Tequendama.

El actual cambio climático que sufre la tierra no está principalmente influenciado por las pautas evolutivas que el planeta sufrió y sufre debido a sus interacciones con las orbitas solar y lunar y el cambio de posición del planeta registradas durante milenios.

El hombre motivado por la ambición desmedida de propiedades y riquezas, al pasar en menos de 3 siglos del hacha a las grandes maquinarias y motosierras industriales es el motor del acelerado desarrollo científico y tecnológico que permiten intervenir vertiginosamente las selvas y ríos, con el fin de habilitarlas para monocultivos, ganadería y la explotación minera.

Con el incremento desbordado de equipos movidos por combustibles fósiles como el carbón y derivados del petróleo, no sólo se incrementa la concentración de gas carbónico en la atmósfera que acelera el calentamiento global y trastorna los ciclos climáticos.

En poco tiempo pueden talarse selvas, desaparecer y quemar especies que las habitan y evolucionaron interrelacionadas durante millones de años, y alterarse el equilibrio climático signado por el intercambio de agua que evaporada se convierte en las nubes que movidas por el viento forman los llamados “ríos voladores” que al soltarse en lluvias irrigan la tierra y vuelven a surtir los ríos que la surcan y desembocan a los océanos.

La ruptura de este ciclo interactivo puede desencadenar grandes catástrofes ambientales que implican la desaparición en poco tiempo de miles de especies vivas y ponen en riesgo hasta la supervivencia de la especie que se convirtió en una plaga peor que las langostas, las ratas y las cucarachas: el hombre; especialmente cuando en el capitalismo desbordado se creyó “el rey de la creación”, al que “Dios, como ser superior, le dio el derecho de poner la tierra y las especies que la habitan en su beneficio”.

Motivados por esas creencias en la Amazonia colombiana están quemando y talando miles de hectáreas de selvas, a la par que con maquinaria amarilla trazan trochas, para hacer grandes latifundios donde sus despojadores, además de hojas de coca, meterán cabezas de ganado y en los ríos contaminados de mercurio y otros venenosos combustibles y metales pesados montarán dragas para extraer oro y explotarán “tierras raras” que de contrabando venderán bien caras en mercados internacionales.

Todo para aspirar a ser ricos, comprar estatus social y la gran cantidad de artículos (la mayoría basura) que cada día, en mayor cuantía y variedad vomitan las fábricas que a través de los medios de comunicación y las redes nos hacen creer que somos gente que valemos entre más consumamos y poseamos más propiedades y bienes; mientras los más ambiciosos luchan por figurar en la lista Forbes de los más ricos del mundo, a la par que entre todos arruinamos la vida en el planeta.


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