EL GOBIERNO SIEMPRE TENDRÁ EL SARTÉN Y EL MANGO
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
En el salón de clases, que parecía un potrero, mis ilustres profesores de Derecho Constitucional, Germán García y Herney Ramírez Alcalde hace ya un tiempito largo me enseñaron que al Presidente de un Estado le están reservadas algunas funciones que no las puede delegar. Las relaciones con otros estados, el uso legal de la fuerza, el manejo del orden público y las comunicaciones. Actividades que son de su exclusiva competencia y que los otros poderes no podrán activar por iniciativa propia.
Ahora que estamos con nuevo gobierno, considerar lo que sucederá con los secuestrados, el diálogo con los grupos guerrilleros, el restablecimiento de relaciones con países que siempre fueron hermanos, por estar en el mismo continente y por razones de historia, son cuestiones candentes. No se puede caer en equivocaciones, ni creer que cualquiera puede meter la mano en el camisón ajeno.
Por más que hagamos fuerza y pujemos porque las cosas vayan rápido, es el Presidente quien tiene el poder, la discreción para escoger el momento y los mecanismos adecuados para ello. En la reunión de Anapoima Juan Manuel Santos mostró su calidad de estadista al señalar a sus ministros el ámbito de sus carteras y poner freno a los intentos que pudieran llegar a desbordar la competencia que a él sólo le compete o a algún funcionario en particular. Antes de entrar a gobernar quiso que en la casa hubiera orden. No quiere que haya improvisaciones o invasiones burdas. Cada loro hablará y dispondrá en su rama.
¿Esperará que la guerrilla, el narcotráfico o los nuevos paras le propongan un pacto que detenga la ola de violencia? Por ahora ha dicho que no habrá diálogo con las farc si no demuestran con el hecho contundente de dejar en libertad sin condiciones a todos los secuestrados. Ocurrido ello, será otra cosa. Y estamos de acuerdo con esta política de Estado. Con la vida y el terror no puede haber ninguna concesión.
El mismo Chávez le preguntó a la guerrilla “para qué” quieren mantener a unos seres humanos alejados de la civilización. ¿Cuál es su rabia, en qué manual de guerra está escrita esta ignominia? En el de Atila, Idi Amín, Hitler, en el del lobo o el chacal, en la frialdad de Hannibal o de un padrino con botas y puñal? Sólo esta práctica bárbara es colombiana, es atemporal, no es de humanos, pertenece a otra galaxia. ¿Porqué seres inocentes deben pagar el supuesto crimen de responsables de lo que ellos reclaman? ¿Acaso son nuevos dioses, peores que inquisidores o Ares, Zeus, Marte o Poseidón con armas tales como púas, cepos, cadenas y un reloj de arena con cadenas?
Esperamos la rápida respuesta de la liberación masiva, espontánea, como signo de que quieren pactar la paz con el pueblo colombiano, no simplemente con el Estado. Y que ellos se reintegren de verdad a la vida ciudadana, a producir, a gozar, a llorar, a amar como otros seres de carne y hueso. Y que el Gobierno y los otros poderes se ocupen aplicados a buscarle caminos a la igualdad, al empleo, a la justicia.
10-08-10 – 17:05 p.m.
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