EL GALLI-MATÍAS DE LA JUSTICIA


Loco-mbiano

Lamentablemente el vasto campo de la justicia no ha sido trillado suficientemente. Es tan alto su tallo, su anchura tan gorda y su grasa tan lisa que cualquiera resbala fácilmente.
Por eso me atrevo a seguir hundiendo la segur como en un trigal lozano para intentar ver lo que hay debajo de tanta confusión.
Hace muchos años leí el sabroso libro Biografía de las palabras de un maestro mío en el seminario, el lingüista padre Efraín Gaitán. Rebuscó en rincones y entre polillas el origen de una buena cantidad de palabras de nuestro idioma y nos mostró con humor y sencillez la verdad de su cuna y padres putativos.
Ahora que nos damos cuenta de cómo la justicia está desnuda y rueda por entre noticieros, Cortes, juzgados y abogados y es como papa caliente, me he acordado de la palabra galimatías. Esa es la palabra que puede definir la realidad de la justicia hoy 26 de marzo de 2015.
Nadie entiende, ni en la calle ni en la presidencia, ni en el Senado, ni en las cárceles, ni en los bufetes qué es la justicia ni dónde se aloja. ¿Es acaso un plato de lentejas que se vende a cualquiera por 500.000 o más millones? ¿Es un gallo de pelea por el que se ofrece – si gana con la espuela – una coima o un reino en el mundo de AlíBabá, el jefe de ladrones?
Contaba el padre Gaitán que la palabreja galimatías se originó en una trifulca callejera. Alguien encontró en la calle un gallo de pelea y se lo quiso apropiar. Otro que vio dijo que era de él, y así, otros más, pues el asunto era cosa de hombres. Se formó un tumulto y un griterío hombruno. Las palabras y expresiones que resonaban eran Matías y gallo. Porque, al parecer, el tal gallo era de un señor de nombre Matías. Qué asunto tan candente. Y, a partir de ese suceso tan ardoroso, se formó la palabra compuesta galli-matías, -en latín- el gallo de Matías al revés, el Matías del gallo.
Así estamos hoy. La justicia no es justicia, es al revés. Es avaricia, es venalidad, es burla, no es ciega, ni coja ni renca. Todo lo contrario es veloz y raponera. No es para el pueblo, es cosa de magistrados, de jueces, de fiscales, de abogados. Entre tanto barullo se ha perdido el sentido de la noble palabra. Todos gritan, todos se defienden, se tapan, se esconden, dan reportajes, llaman al presidente, juran y se mezan los cabellos. Qué confusión. ¿Habrá que llamar a Constituyente para que ponga orden y mande a callar? ¿Con qué nombre bautizaría Gaitán a esta pelotera de la justicia?



