El futuro “profesional” de Angie Rodríguez


No se trata solamente de que Angie Rodríguez haya perdido una eventual oportunidad en el próximo gobierno.
Se trata de algo mucho más serio: de cómo sus actuaciones públicas pueden terminar afectando su credibilidad, su reputación y, eventualmente, su empleabilidad futura.
Miremos qué ocurre cuando una apuesta política termina cerrando puertas.
Angie Rodríguez quizá no calculó que sus declaraciones podían tener consecuencias mucho más allá de la política.
Porque si el sector público ya no parece ser una opción para ella, después de que desde el nuevo gobierno el ministro Lara afirmara que “no tendrá cabida”, queda una pregunta inevitable: ¿qué puertas le quedan abiertas en el sector privado?
Las empresas contratan personas por su experiencia y preparación, pero también valoran algo que no siempre aparece en una hoja de vida: reputación, confiabilidad, criterio, prudencia y capacidad para manejar información sensible.
Y cuando alguien decide convertir conflictos internos, acusaciones y señalamientos políticos en un espectáculo público, inevitablemente puede generar dudas en quienes mañana tengan que decidir si le confían una responsabilidad profesional.
El sector privado no tiene por qué convertirse en refugio de quienes pierden una batalla política. Mucho menos está obligado a contratar a alguien cuya exposición pública pueda convertirse en un riesgo reputacional para una empresa.
Angie quizá pensó que estaba construyendo una plataforma para regresar al poder.
Pero, va a terminar descubriendo que estaba construyendo otra cosa: un expediente público sobre sí misma que cualquier potencial empleador podrá consultar.
Porque en política una declaración puede durar 24 horas en las noticias.
En internet puede durar toda una vida laboral.
Aunque, pensándolo bien, no todo está perdido para Angie Rodríguez.
Tal vez estamos ante un talento que la política no supo valorar.
Quizá no estamos frente a la próxima gran funcionaria pública.
Quizá estamos frente a la mejor novelista de todos los tiempos.
Las puertas para las próximas sagas ya están abiertas: Blu Radio, Caracol, RCN, Revista Semana, El Colombiano, El Espectador… Mejor dicho, ¡le va a faltar tiempo para programar todas las temporadas de sus novelas!
Eso sí, hay un pequeño detalle: hasta las puertas de los medios pueden cerrarse cuando el rating se desploma.
Porque una novela necesita audiencia, y la audiencia puede cansarse de los mismos libretos, de los mismos villanos, de los mismos héroes autoproclamados y, sobre todo, de una historia en la que la protagonista siempre termina siendo la única que no participó en los planes de los malvados y, que solo ella tiene la razón.
El problema, entonces, no será encontrar micrófonos.
El verdadero desafío será encontrar quién quiera seguir escuchándola.
Porque cuando el público deja de comprar el libreto, ni el mejor horario estelar salva la novela.
Y si definitivamente se le cierran todas las puertas, siempre quedará una alternativa:
publicar el libro.
Título sugerido: “Yo contra todos: memorias de una protagonista incomprendida”.
Eso sí: habrá que esperar para saber si consigue lectores.
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