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Jueves, 1 de octubre de 2026

El fantasma del “Maracanazo”

jornada gloria
Luis Enrique Delgado
Por Luis Enrique Delgado
Periodista Acord-Valle

En los albores del Campeonato Mundial, Brasil refresca cada día el humillante y oprobioso recuerdo de aquel inolvidable 1950, llamado “El Maracanazo”, que revive como un fantasma y, a cual más se pregunta: ¿será que se repite?

Ese ingrato pasaje, imborrable de la historia mundialista, ocurrido en el cierre de la cuarta Copa Mundo el 16 de julio de 1950 cuando Brasil tenía todo dispuesto para la celebración, lo vivieron en persona 173.850 aficionados, la gran mayoría “torcedores” que alentaban a su equipo desde las gradas del gigantesco Maracaná, construido especialmente para la ocasión.

Pero un rebelde y corajudo onceno uruguayo desafió al imposible y dio al traste con todo, causando muchísimas muertes y un dolor que hoy, 64 años después, no doblega su vigencia y mantiene intacto el recuerdo de la derrota “mais grande do mundo”.

Dice la historia

maracanazo

A Brasil 1950 asistieron solamente 13 países, que se distribuyeron en cuatro grupos: dos de cuatro equipos, uno de tres y uno de dos.

Así, los brasileños enfrentaron a México (4-0), Yugoslavia (2-1) y Suiza (2-2).

Uruguay, en cambio, jugó solamente con Bolivia, a la que derrotó por 8-0 para igualar la marca de la goleada más abultada de la historia del certamen.

De esta forma, Brasil y Uruguay, junto con España y Suecia se clasificaron, no para semifinales, sino para tres partidos de grupo final (entre sí), donde Italia, Inglaterra y Yugoslavia quedaron sorprendentemente ausentes.

En la fase de grupos, los españoles dejaron en el camino a Inglaterra, Chile y Estados Unidos, mientras que los suecos superaron a Italia y Paraguay.

Como queda dicho, los ganadores de grupo se clasificaban directamente a una liguilla, que se realizó por única vez.

Ese esquema provocó, además, que Brasil-1950 quedara marcado en la historia como el único Mundial en el que el campeón salió de la sumatoria de puntos al cabo del enfrentamiento entre los cuatro aspirantes, para el caso Brasil, Uruguay, España y Suecia.

La hora de la verdad

maracanazo 2

Tras una semana de desenfrenos y entusiasmos se llega al cuadrangular final en el que los brasileños reducen a Suecia (7-1) y a España (6-1).

Uruguay, por su parte, apenas pudo lograr un empate (2-2) ante España y una victoria (3-2) con Suecia.

Faltando dos partidos, Brasil hizo cuatro puntos en sus dos juegos, anotó 13 goles y recibió dos.

Uruguay sumó tres puntos, con cinco goles a favor y cuatro en contra.

España, un punto, con tres goles a favor y ocho en contra.

Suecia, ningún punto, recibiendo diez goles y marcando tres.

Con lo anterior, pues, el calendario final del campeonato de 1950 coincidió perfectamente con la definición del primero, segundo y tercer puestos, cuando faltaban dos partidos.

En la programación el primer encuentro entre Suecia y España definía el tercer lugar y el cotejo entre Brasil y Uruguay entregaría un nuevo campeón.

Suecia, jugando su mejor partido del torneo, superó a los españoles (3-1), que marcaron su única diana en acción de su mítico goleador Zarra.

Lo increíble: El Maracanazo

El 16 de julio la locura invadió a Río de Janeiro. El estadio más grande del orbe abrió sus puertas a la esperanza de un pueblo de pasión incontrolable: Brasil campeón.

La “torcida” se desplazó hacia las graderías en medio del ritmo de la samba, pitos y juegos pirotécnicos. La fiesta era total, no admitía posibilidad de una derrota. Menos, después de apabullar a los seleccionados de España y Suecia.

A Brasil el empate le bastaba, tenía cuatro puntos; Uruguay estaba obligado a ganar por sus tres puntos.

Nadie se movía en el estadio, pero la gritería era infernal y todo estaba dispuesto en el Palco de Honor.

El árbitro británico George Reader dio inicio a las acciones. Parecía que los muros del “coloso” iban a rasgarse, apretados por una masa trepidante que lo llenó desde varias horas antes.

El reloj comenzó a consumir los minutos y la ilusión se convertía en angustia, ante un seleccionado uruguayo lleno de vigor.

El primer tiempo se fue en blanco y aunque el resultado favorecía a Brasil, la angustia reinaba en las tribunas.

Reiniciado el juego, apenas transcurrían dos minutos cuando Zizinho y Ademir superaron al defensor Rodríguez Andrade para entregar el balón a Albino Friaca Cardoso quien venció al golero Roque Gaston Máspoli.

Entonces estalló el Maracaná: Brasil 1-Uruguay 0.

Pero la celeste, fiel a su temperamento, a su garra, se recuperó y llevó a los brasileños a cometer serios errores en el manejo del balón.

Juan Alberto Schiaffino, sobre el minuto 21, venció al arquero Moacyr Barbosa y enmudeció el estadio. Sin embargo, a Brasil todavía le alcanzaba el empate.

Obdulio Varela, capitán de Uruguay, había arengado a sus compañeros en el entretiempo: “aquí ganamos o nos matan”, les dijo. El mensaje fue bien interpretado.

Al minuto 34, Alcides Ghiggia, que había sido artífice del primer gol “charrúa”, sentenció la contienda. Ahora Uruguay ganaba por 2-1.

Nadie, en el mundo, lo podía creer.

El funeral más grande

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La afición había asistido al funeral más grande del fútbol de Brasil, momento que describió con toda claridad Jules Rimet:

“El zurdazo de un hombre hizo callar a 200 mil personas. Automáticamente no hubo ya ni guardia de honor, ni himno nacional, ni discurso ante el micrófono, ni entrega solemne del trofeo… me vi solo en medio de la multitud, empujado por todos los costados, con la Copa en mis brazos, sin saber qué hacer. Terminé por descubrir al capitán uruguayo y se la entregué casi a escondidas, estrechándole la mano, sin poderle decir una sola palabra”.

La amargura invadió a la afición.

Se había profanado la cancha sagrada de Brasil. El alma carioca se desgarró y el drama se apoderó de todo el país. Todos sus jugadores han cargado durante 64 años el inri del fracaso, casi escondiéndose de los reclamos y las burlas.

Fueron innumerables los suicidios. Y en la historia quedó gravado para siempre ese 16 de julio de 1950, como EL MARACANAZO.

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