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miércoles 5 marzo, 2014 a las 6:44 pm

El encarte de envejecer

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Reinel Gutiérrez web
Reinel Gutiérrez

El ser humano se ve sometido a un verdadero encarte al paso del tiempo, y todo empieza cuando nota que le ha crecido el abdomen, y para ello inicia una ardua tarea de atajar la vejez. Comienza a ir al gimnasio y después de un tiempo logra el objetivo, pero se da cuenta que se le está cayendo el cabello.

Entonces inicia el tratamiento capilar con buenos resultados, pues luego de varios meses ya tiene bastante cabello. Al asomarse al espejo para contemplar su frondosa cabellera, se paraliza cuando nota que le han salido arrugas. Ha oído sobre los milagros del colágeno, y decide aplicarlo para nutrir la piel. De algo le sirve, pero observa que le han salido unas manchas en las manos, y en la espalda, y siempre tuvo cuatro lunares y ahora tiene más de cien. Esto lo desespera, y se consuela a sí mismo diciendo «no soy joven pero estoy conservado».

Continúa la lucha, y un día se da cuenta que está escuchando menos, y sale a donde el médico. Ya no sirven las gotas ni el lavado de oído. Cree que vuelve la normalidad pero no es así, pues amanece con dolor de cabeza, el frio le afecta, el calor también, y el café de todos los días tiene que suspenderlo porque le cae mal. Siente mareos, busca remedio, pero aparece el calambre. De repente nota que le ha llegado una fatídica pareja: el reumatismo y la artritis. Empieza a tomar droga y a hacerse baños calientes. La tos se manifiesta y todas las noches no duerme ni deja dormir.

Por falta de defensas ya es susceptible de un cáncer, una pulmonía o una infección.

Es un verdadero encarte, pues la pomada para el ardor de los pies tampoco sirve.

Cree en un momento que se ha curado de todo, porque la memoria le falla, y agachándose un poco ve los pies hinchados.

Ha llegado a un momento en que el remedio, ya no es remedio, ni siquiera calmante. Está encartado con la existencia y quiere utilizar el borrador mental para olvidarse de lo malo hecho en la vida, porque cree que aferrado a la religión va a seguir viviendo eternamente.

En un momento se asoma al espejo, y le llega una emoción grande, se alegra, porque cree que no tiene canas y arrugas, pero lo que sucede es que ya no ve bien.

Cuando sale al parque, piensa que ya no se ven esos viejitos que antes salían, pero lo que pasa es que el viejito ahora es él y sus amigos.

Tiene el concepto de que los de la tercera edad son los demás, y que aún logra conquistas amorosas con paro incluido (no cardíaco).

Cuando fallece a los 79, 82, o 96 años, la gente dice: «murió joven».

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