El ejército más poderoso
El presidente Juan Manuel Santos en sus primeros días de gobierno no deja de sorprender a la opinión pública con sus medidas ambiciosas especialmente para combatir el más grande y poderoso ejército, el de los desempleados, desocupados y vaciados de este país.
Los congresistas debatirán y podrán muy seguramente dar vía libre con beneplácito los alcances del proyecto de formalización y el primer empleo que busca luchar contra el desempleo y la pobreza en Colombia, cuya iniciativa parcial le ha sido reconocida al jefe del liberalismo Rafael Pardo.
La meta en los próximos cuatro años es crear 2 millones 500 mil empleos y formalizar otros 500 mil. Recordemos que la tasa de desempleo en Colombia se encuentra hoy entre el 11 y el 12 por ciento. El propósito es reducirla al 8 por ciento antes de concluir el actual gobierno.
La propuesta busca reducir la alta informalidad que se encuentra cercana al 52 por ciento y pretende que el 61 por ciento de la población ocupada que hoy no cotiza a la seguridad lo comience a hacer, mediante estímulos para la formalización de pequeñas empresas o creación de nuevas empresas.
El proyecto, que cuenta con la bendición y el respaldo de los gremios de la producción, las cámaras de comercio, las centrales obreras y el sector privado, busca romper el cuello de botella de la informalidad empresarial y laboral en Colombia, así como facilitar la vinculación laboral de los jóvenes, que en el Cauca están pasando serias angustias y frustraciones, coviertíéndose en población de alto riesgo que en muchas ciudades engrosa fácilmente las listas de bandas delincuenciales y acogen los grupos violentos con atractivas ofertas.
Lo cierto es que para generar empleo, los empresarios deben de dejar de pensar en astronómicas utilidades como ocurre, por ejemplo, en el sector financiero, y pensar más en las familias que están desempleadas y aguantando física hambre; el gobierno debe obligatoriamente sacar de sus cargos a las personas que ya cumplieron con los requisitos para pensionarse y dejar eso cargos para los jóvenes.
El Banco de la República debería obligatoriamente contener la revaluación, pues no necesitamos inversión extranjera a manos llenas si lo que está generando es desempleo; por otro lado, el gobierno debe poner más cuidado con la corrupción ya que algunos funcionarios y particulares roban por toneladas, saliendo a pavonearse con la plata al estilo narcotraficantes pues perdieron la vergüenza y pundonor.
En la práctica, hemos visto que desafortunadamente en este país no valen reformas laborales ni beneficios tributarios que se otorguen a los empresarios para incrementar el empleo formal si no existe el verdadero compromiso por parte de ellos para dar y mantener empleos dignos no sólo en los sectores de la construcción y la agroindustria, sino en todos los sectores, a nivel profesional en todas las áreas, sin importar sexo o edad, con ingresos justos que dignifiquen al colombiano como ser humano; que se elimine la política cruel de algunas empresas de congelar los salarios superiores al mínimo por dos o más periodos, ya que esto equivale a disminuir el poder adquisitivo de la persona.
Las famiempresas han sido los verdaderos motores de la economía colombiana. La tienda de la esquina, la panadería de barrio, el taller, etc. son los héroes causantes de que los colombianos no estemos peor, en la plena indigencia. Indudablemente también juegan papel importante los narcodólares que inundan al país.
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