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Lunes, 19 de octubre de 2026

El descubrimiento tardío de un genocidio anunciado

Hipocresía y endofobia Durante años, el exterminio sistemático del pueblo nasa en el Cauca ha transitado por un territorio incómodo:...

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El descubrimiento tardío de un genocidio anunciado

Hipocresía y endofobia

El descubrimiento tardío de un genocidio anunciado
Imagen de referencia: https://www.elperiodico.com/es

Alfonso Luna Geller

Durante años, el exterminio sistemático del pueblo nasa en el Cauca ha transitado por un territorio incómodo: el de la advertencia ignorada. No por ausencia de información, no por falta de denuncias, no por carencia de nombres, fechas y víctimas. La omisión ha sido una decisión política, mediática y cultural.

En días recientes, dos publicaciones del diario El Espectador activaron reacciones tardías en algunas autoridades tradicionales, vocerías institucionales y aspirantes al Congreso. Las alarmas se encendieron.

La reacción tiene un efecto político inmediato: vuelve “novedad” lo que lleva años ocurriendo. Ese efecto deja un saldo ético penoso: la tragedia adquiere estatus público cuando la nombra un medio con alcance nacional, mientras el archivo regional permanece relegado, subestimado y, en la práctica, desoído.

Las notas publicadas por El Espectador fueron estas:

El descubrimiento tardío de un genocidio anunciado

El genocidio de “Iván Mordisco”: estos son los rostros de las víctimas del pueblo nasa
La Unidad Investigativa de El Espectador conoció el listado de los asesinatos que hacen parte del expediente contra el líder de las disidencias de las Farc en la Fiscalía y del que fue víctima el pueblo nasa en el norte del Cauca. Hace cuatro días, el presidente Petro también denunció el genocidio étnico de Iván Mordisco ante la Corte Penal Internacional. Fiscalía dice que son 43 homicidios, las autoridades indígenas dicen que son más de 50.

Santander de Quilichao, el municipio que más sufre el genocidio del pueblo indígena nasa
La Fiscalía se prepara para acusar a alias Iván Mordisco por, al menos, 43 asesinatos de miembros de ese pueblo ancestral. Las cifras también arrojan otras aristas del exterminio nasa, el cual es perpetrado desde 2022.

La información es grave. La documentación es necesaria. El problema surge cuando ese reconocimiento genera una súbita conciencia pública, como si el genocidio hubiera comenzado al ser nombrado por un medio nacional. Ese reflejo expone una forma persistente de hipocresía institucional: el dolor adquiere legitimidad cuando lo certifica una voz ajena al territorio.

Desde Proclama del Pacífico, el exterminio del pueblo nasa ha sido denunciado de manera sistemática durante más de quince años. Con nombres propios. Con fechas precisas. Con contextos políticos identificables. Con una narrativa sostenida desde la cercanía territorial y el acompañamiento cotidiano a las comunidades.

Esta es una muestra mínima, seleccionada de forma aleatoria, de las denuncias publicadas por este medio. Todas hacen referencia al asesinato sistemático, calificado como genocidio, no al homicidio criminal aislado:

El descubrimiento tardío de un genocidio anunciado

Esta secuencia permite una lectura clara: el genocidio se ha intensificado, se ha sostenido y se ha normalizado a lo largo de distintos periodos de gobierno. La memoria pública, frágil y voluble, ha permitido que el horror se repita sin consecuencias estructurales.

Algunos de los columnistas de Proclama del Pacífico que sostuvieron esta denuncia durante años fallecieron sin ver transformaciones reales. Mateo Malahora (Jorge Muñoz Fernández), Neftalí Sandoval, Armando Orozco Tovar, Leopoldo de Quevedo y Monroy, Fernando Dorado Gómez, dejaron textos, ideas y advertencias que hoy adquieren un peso histórico irrefutable.

El silencio prolongado frente a este exterminio expresa una forma de colonialismo cultural, una desvalorización de la palabra regional y una dependencia simbólica de la validación externa. Cuando la tragedia se reconoce tarde, la indignación se convierte en gesto vacío.

El genocidio del pueblo nasa no requiere redescubrimiento. Requiere decisiones. Requiere responsabilidad estatal. Requiere coherencia ética. Requiere respeto por quienes llevan años narrando el dolor desde el lugar donde ocurre.

Proclama del Pacífico sostiene una obligación: publicar el archivo, proteger la memoria, exigir respuesta, insistir en la verdad documentada. El “rasgamiento de vestiduras” se agota en el gesto. El deber público se mide con decisiones, con protección real y con resultados verificables.


Otras publicaciones de Alfonso Luna Geller en Proclama del Pacífico:Alfonso J. Luna Geller[email protected]

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Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

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