EL CIRCO DE LA POLÍTICA


A sí como a unos les gusta hablar de fútbol y a otros de los temas virales (y triviales) que recorren internet, a otros nos gusta blasfemar sobre asuntos de la política. Y así como los aficionados al fútbol se emocionan cada cuatro años con la Copa del Mundo, yo me emociono con la llegada de las elecciones. Y claro, compro balcón y crispetas, y me hago una limonada de mango para sentarme en primera fila con los ojos y oídos abiertos a disfrutar de “la divina comedia”. A veces, aquí entre nos, me echo un aguardientico para gozarme la tragicomedia en doble dimensión.
Lo hago como un espectador aficionado, como uno de esos que van al estadio o a la plaza de toros para ver desde las graderías las contiendas y deleitarse con todos los chismes que van y vienen detrás de un candidato, un directorio, una campaña y una jornada electoral.
Ir a los mentideros políticos es una delicia. Conversar, rajar, valorar, descalificar y pronosticar avales en el parque de Caldas es un goce que no tiene precio. Pasar por los cafés para ver en qué anda la cosa política y las apuestas, es un relajo. Escuchar la radio y leer notas de prensa sobre el tema es para reír y llorar. Aderezar los almuerzos con política, ayuda a la buena digestión.
En los tiempos del periodista radial “Catecampo”, la política local tenía ají, suspenso y mucha emoción. También recuerdo los buenos tiempos de Ovidio Reynaldo Hoyos, cuando hacia esas entrevistas arrinconadoras que empoderaba o mataban candidatos, y nos ponía hablar por días sobre el tema, y la gente inventaba, ampliaba o disculpaba las respuestas de las víctimas de “ofidio” como se le decía al periodista por su actitud frentera y mordaz. Y claro, nunca nos ha faltado la lectura obligada de periódicos cadapuedarios como La Nigua y Proyección del Cauca, que cada que hay elecciones remozan, y salen con todo furor a generar ronchas y rasquiñas, que entre sátiras e ironías, nos hacen reír a carcajada batiente. Porque eso es la política, un circo donde entre todos tenemos que elegir al domador y sus payasos.
Los políticos lo saben y se prestan para el corre-ve-y-dile, tienen mamá de plástico, son de espíritu no-me-importista frente a los corrillos, y hasta pagan porque sus nombres se mencionen en los mentideros radiales y de prensa, y en ocasiones hasta ellos mismos generan murmullos tan falsos como verdaderos. Porque lo importante en política es que se hable del candidato bien o mal, pero que se hable.
Así como en el fútbol, en los mentideros políticos también apostamos a ver quién le trampea a quién, cuál político es más tránsfuga o más avión, cual se inventa la mentira más grande y tradicional para su campaña, cuál va a ser el primero diga la trillada frase “llegó la hora del cambio” o “experiencia y honradez” jejeje, y cosas tan banales como “estamos cansados de los mismos con las mismas”.
Es un juego de sarcasmos, de mentiras, de tires y aflojes, de ver quien caña más, a cual le suena la flauta mejor, de sospechar que se cocina debajo de las mesas de los directorios, de imaginar quien tiene más plata o más votos, de espías y soplones, de testaferrato electoral, de calumnias y chistes, de voltearepas, de invenciones y provocaciones. De falsos candidatos, de servilismo puro, de egos, vanidad y dinero.
Los tiempos de campaña son los días felices de la política. Todos los candidatos gozan de credibilidad, respaldo, aplausos, acompañamientos, buenos intenciones, amistad, etc. Pero una vez elegidos, de manera inmediata se gradúan de malos, ineptos, tránsfugas, ladrones y mentirosos.
Es una cosa extraña y triste, porque en el imaginario de los electores está que todos los candidatos elegidos en el fondo son lo mismo: ratones detrás del queso del presupuesto público, y que se explica con el cuento de que todos los políticos son iguales.
Eso sí, los mejores chistes de los mentideros salen a flote los días posteriores a las elecciones… rajando, riendo y burlándose de los que “se quemaron”. Allí si no queda títere con cabeza. Ah, y hacer cábalas con la “gabinetelogia”, es decir, de quiénes serán nombrados en el gabinete del alcalde o gobernador, tiene su cuentico aparte.
La carpa del circo ya se instaló, comienzan a desfilar los candidatos y todos preparados para disfrutar de la disputa, con drama y pasión. Escoja su balcón y deguste de la lechona y los tamales. Los leones están hambrientos, el público quiere ver sangre, los candidatos se la van jugar a fondo para dejarlo todo en la arena, los congresistas en el palco ya sonríen con el corazón al vuelo y las nalgas apretadas. Esto ya se puso bueno señoras y señores.




