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Jueves, 1 de octubre de 2026

EL ARRULLO DE LAS PALOMAS

El arrullo de las palomas
Bulevar de los Días
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Loco-mbiano
El arrullo de las palomas
http://zoologicocecar2011.wikispaces.com/LAS+AVES

Dicen que por las noches
no más se le iba en puro llorar,
dicen que no comía,
no más se le iba en puro tomar.
Juran que el mismo cielo
se estremecía al oír su llanto…

Cucurrucuuú…, paloma, cantaba al falsete José Alfredo Jiménez simulando y parafraseando el sonido característico de las palomas cuando están amándose. En la ranchera de Tomás Méndez se compara la tristeza que debe tener el alma cuando está sola el que ama.

Hay sonidos en la Naturaleza que se graban como estacas en el inconsciente de los pueblos por su significado y el perfume o almizcle que parecen exhalar. La palabra arrullo es casi onomatopéyica lo mismo que cucurrucú referidas al quejido que sale del fondo de la garganta cuando la paloma suspira por la ausencia o la cercanía del amado. Y no solo se aplica al sonido de las torcazas o palomas sino al del ser humano en los momentos sublimes de sus amores y desvaríos.

En las mañanas, cuando apenas está amaneciendo, llegan a nuestro oído los arrullos de palomos y palomas que se buscan en sus nidos. Ruuuuú–rrruuuú repiten en sus llamados y mientras se cortejan en los aleros o entre las ramas de un árbol lejano. Suenan como  fogonazos de aire que salen de las gargantas, húmedos y cálidos. Y se repiten como repicar de campana o vaivén de un columpio cuando se alza y baja y vuelve a subir al ritmo del empuje de quien se balancea.

Qué sensación de vacío, de cielo encima, de amor que palpita en el aire y llega al oído, cuando los currucucuuús vienen de seguido de entre pico y pico de las palomas. Qué sonido tan suave, tan mágico e íntimo. Los amantes no se dan cuenta siquiera que por todo su alrededor suenan sus estertores y continúan en su balanceo y sus quejidos de gozo.

Las noches y el alba se encienden de magia y los montes se tiritan de celos cuando una paloma empieza la canción de nido y danzón con su amado. Horas enteras la noche se llena de estrellas y de quejas de amor y lágrimas por el encuentro que ya se acaba. La garganta de Aceves Mejía no alcanza a decirnos la intensidad de esa emoción. Porque la siente en sus fibras de amor el mísero animal que no reduce su fuego, solo la modula en su voz.

En estas horas insulsas, en estos días de cálculos partidistas, de cuentas en chequeras, estos arrullos nos enseñan a amar al amor, la amistad, el abrazo, la caricia, el beso y a elevar nuestro currucucú para acompañar a las palomas en su canto mañanero o a las 12 de la noche.

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