Estimados periodistas: A nombre de la familia Valencia Ayala y el personal de la Voz de Belalcázar, queremos agradecerles inmensamente sus sentidas expresiones de pesar, que han hecho llegar a través de sus prestigiosos medios de comunicación al Dr. Gustavo Adolfo Valencia Ayala y a sus familiares con motivo del lamentable fallecimiento de su hermana María del Socorro Valencia Ayala, acaecido el pasado 1o. de junio en la Clínica La Estancia de Popayán. Para utilidad de sus informativos me permito remitirles las palabras de la Dra. Sandra Johanna Valencia Legarda (sobrina de doña María del Socorro e hija de don Gustavo Adolfo) en el templo de Santo Domingo, durante las honras fúnebres el pasado 2 de junio. En la nota incluyo una foto del Dr. Carlos Valencia Mosquera (fundador de la Voz de Belalcázar) con su hija María del Socorro. Mil gracias por su atención. Atte., Voz de Belalcázar.
Palabras de Sandra Johanna Valencia Legarda, en el entierro de su tía María del Socorro Valencia Ayala:
Estimados amigos: Los hermanos, sobrinos y demás familiares de María del Socorro Valencia Ayala, mi queridísima tía, atribulados por el profundo pesar que nos causa su impensada muerte, nos hemos reencontrado una vez más en este recinto sagrado, pero hoy tristemente para despedir a un ser amado, orar por su alma y darle gracias al gran Creador por el tiempo terrenal que nos permitió estar a su lado. De igual manera, queremos agradecer sinceramente su acompañamiento, la presencia reconfortante de ustedes aquí y las voces de pesar recibidas por tan lamentable deceso.
El recuerdo de su personalidad y la imagen siempre amable de un ser tan querido, perdurará para siempre en nuestros corazones. Fue María del Socorro, miembro de una de las familias raizales más tradicionales de la ciudad y una ciudadana ejemplar. Despojada de las levedades mundanales, vivió y se comportó como una creyente piadosa que por la naturaleza de su espiritualidad fue siempre prodiga en el amor a los suyos, al prójimo y en el respeto por sus coterráneos. De hecho, durante una etapa de su vida, mientras las limitaciones físicas no se lo impidieron, ingresó como misionera a la orden religiosa de las betlemitas, dedicándose prioritariamente a la evangelización y alfabetización de sectores desamparados en nuestro país.
Así estuvo internada entre comunidades motilonas asentadas en la serranía del Perijá, en las riberas del río Caquetá y en el Amazonas, donde al tiempo que catequizaba enseñaba a los aborígenes las cartillas de español. Desafortunadamente dolencias físicas la obligaron a retirarse de la orden religiosa donde alcanzó a vestir los hábitos de misionera.
Pero no abandonó totalmente su labor social, ya que continuó formando parte de congregaciones de laicos dedicados al servicio de los más pobres.
Coherente con su vocación hacia la inmaterialidad, y poseedora de una ilustrada cultura, también se inclinó por las artes literarias.
El romanticismo, su fe cristiana y su afición por la lírica, la impulsaron a escribir numerosos ensayos literarios y poemas inspirados en su familia, las vivencias de su ciudad, su amor en Cristo y el sufrimiento de los desposeídos.
Esas piezas literarias, en las que también hizo gala de una cala profunda en prosa, son el reflejo de la excelsitud con que cultivó las letras y la extensa cultura de que era dueña.
Fue destacada colaboradora permanente de los espacios culturales y periodísticos de la emisora de la familia, la tradicional Voz de Belalcázar, la primera radiodifusora fundada en la región, que esperamos muy pronto vuelva a estar al aire.
Quienes tuvimos la fortuna de conocerla y disfrutar de su generosidad, amabilidad y admirable don de gentes, extrañamos hoy, con profundo pesar, su precipitada ausencia. Sabíamos que desde hace unos años, venía sufriendo serias afecciones de salud, pero nunca estuvimos preparados para su desaparición física. Por eso, su inesperada partida hoy nos embarga de dolor y aflige, pero al tiempo, nos consuela y resigna saber que, sin la mínima duda, ahora goza de la gloria a la diestra del buen Dios. Allá en las alturas celestiales será el reencuentro inmortal con nuestros otros seres queridos… los que se anticiparon en el viaje al más allá: Yayito, Oscar, Darío, mis abuelos Carlos e Inés, la acogerán en su regazo con alborozado amor para gozar juntos de la gloria eterna.
La pena que nos apesadumbra, me impulsa a refugiarme en brazos de mis seres queridos presentes, con quienes hoy, gracias a la bondad del Altísimo, puedo fundirme en un estrecho abrazo, especialmente con mi padre Gustavo Adolfo a quien el fallecimiento de su entrañable hermana acongoja inmensamente, pero que sabemos sabrá superar con entereza y resignación cristiana. A sus otros hermanos, mi tía Victoria Eugenia y mi tío Carlos Humberto, a mi magnánima hermana Paola Andrea, a Carlos Gustavo, a mis apreciadas primas Claudia, Mónica, Juliana y Adriana, y a los demás primos y familiares, igualmente mi sentida voz de pésame, rogando a mi buen Dios les dé consuelo y fortaleza para sobrellevar este difícil momento.
Querida e inolvidable tía: Descansa en Paz. Tu alegre sonrisa, la bondad y la calidez que nos brindaste en esta vida, serán el más bello recuerdo de tu legado.
A ustedes, queridos amigos, que con solidaridad cristiana hoy nos acompañan a darle el último adiós a mi entrañable tía María del Socorro, una vez más, muchas gracias, gracias infinitas por sus condolencias y expresiones de luto. Mi buen Dios los bendiga!
Popayán, 2 de junio de 2013
