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Viernes, 2 de octubre de 2026

DOS LEGISLADORES… ¿LEGISLAN?

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Gloria Cepeda Vargas 

El tiempo, oráculo más certero que el de Delfos, acaba de revelarme la grandeza de los legisladores patrios. El Liberal del viernes 23 de agosto, en la página dedicada a los fastos políticos, trae una noticia conmovedora: “En medio de crisis por paro agrario, Salazar e Iragorri tienen agarrón por Santos y Uribe”. A continuación el rotativo abunda en las explicaciones que demanda tan fundamental información: en alguna de esas sesiones parlamentarias que nos suelen reconciliar con la ética vernácula, los honorables senadores ya mentados, hicieron honor a su investidura, gala de bonhomía y justificación del vil metal que mensualmente pringa sus bolsillos, batiéndose, cual caballeros medievales, por la honra de Santos y Uribe, dos de los preclaros varones que nos han conducido por rumbos solo entrevistos en las revelaciones que suelen alumbrarlos cual “una pequeña llama de dulzura infinita/ para sus largas noches de amantes desolados” (Juana de Ibarbourou).

En una mezcla asaz intrincada, donde el Catatumbo se pone de ruana los pataleos del agro colombiano, terroristas camuflados nos sacan la lengua y nuestro cachaco mandatario es vilipendiado con la altura con que el doctor José Darío suele ornar las sesiones del hemiciclo, el más que veterano codificador de leyes inolvidables, don Aurelio Iragorri, puso en orden su meninge y lanza en ristre saltó ágilmente al ruedo exigiendo respeto para el zarandeado mandatario. Apela el honorable al acatamiento que merece Juan Manuel por ser el tigre que más ruge en la manada, dice que es incuestionable por encarnar al amo del habitáculo presidencial, su augusta presencia demanda poco menos que la paz de los sepulcros, merece, como en los versallescos tiempos de Francia, que a semejanza de los siervos galos, retrocedamos sin volverle la espalda. Es decir, es poco menos que infalible como lo era el papa en sus buenos tiempos. Y finaliza su ilustrativa arenga con una acotación digna de Einstein: Salazar gime bajo el peso “de la nostalgia” de Álvaro Uribe. Resumen: dos representantes de la más pintoresca fauna colombiana, se marginan de pequeñeces como el paro agrario, la barbarie instituida, el robo descarado de los recursos públicos, las vilezas políticas, los desajustes económicos, el raponazo de Nicaragua, el congreso manchado hasta los tuétanos, las mujeres y los niños bárbaramente descaderados en cualquier recoveco, la salud y la vida colombianas convertidas en mercancía subastable, las gigantescas diferencias económicas y sociales, amén de otras perlas, para dedicar el tiempo que pagamos con creces todos los ciudadanos, a defender a dos cincuentones bien nutridos, bien vestidos y mejor tratados. Por eso las cosas están como están, dijo Luis Carlos López. Por eso, sí señor, por eso.

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