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Jueves, 8 de octubre de 2026
jueves 8 marzo, 2012 a las 8:51 pm
DOS CAPRICHOS Y UNA FUGA PARA DOS ENAMORADOS


Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano

Los estudiantes del Conservatorio “Antonio María Valencia” del Instituto Departamental de Bellas Artes de Cali realizan cada miércoles de temporada académica una serie de conciertos que denominan Beethoven 7:30 p.m., pues se llevan a cabo en la Sala que lleva el apellido del máximo autor clásico de la música.

Ayer no más presentaron a dos exponentes de la calidad que brinda el Conservatorio cada semana. El público todavía no está bien informado y por ello la Sala no estaba llena ni a la mitad de su capacidad. Pero el espectáculo fue digno de cualquier escenario mundial.

El programa anunciado era un concierto de guitarra ofrecido por Cristian Cardozo, un joven de 28 años, egresado del Conservatorio con grado de honor y discípulo de los guitarristas internacionales Ricardo Cobo, Manuel Barrueco, Ana Vidovic y Víctor Villadangos y de la joven pianista de 18 años aún no cumplidos, Laura Isabel Benavides, hija de dos pintores y sobrina del reconocido poeta Horacio Benavides. Desde los seis años estudia música y ahora cursa el segundo semestre de nivel profesional en el Conservatorio.

Empezó el concierto el virtuoso Cristian Cardozo Medina con los Caprichos 14 y 15, opus 20 del italiano Luigi Legnani, el Estudio 17 de Barcelonés Fernando Sor, y siguió con la Gran Jota de Concierto del compositor español Francisco Tárrega, tres Preludios, op. No. 1 del chileno Mario Gómez Vignes y concluyó con ocho Estudios del maestro brasilero Heitor Villa-Lobos. Laura Isabel Benavides interpretó al piano Preludio y fuga en Mi bemol menor “El clave fue bien interpretado de J. S. Bach, el Estudio No. 5, op. 10 del polaco Frédéric Chopin, el Scherzo No. 1 en Si menor del mismo autor y tres Piezas del argentino Alberto Ginastera.

Cristian Cardozo, con el piano de cola por testigo, demostró con sus interpretaciones que es un virtuoso de la guitarra. La trató como una caja mágica. En los dos Caprichos sonaron los acordes de corazones enamorados y rasgados románticos en noche de vino y fandango. Sacó de su fondo curvo sonidos con sus dedos, tamborileó y de sus cuerdas se oyeron castañuelas, gaitas y dulzainas cuando interpretó la Gran Jota que identifica las tonadas populares de la madre patria. Ensoñamos con los ojos cerrados las manolas granaínas y aragonesas de labios y claveles rojos zapateando el tendido de sus cuerdas.

Laura Benavides de veste azul y manos de hechicera joven clavó sus dedos sobre el pecho del piano. Fueron brotando arpegios y borbotones de efluvios venidos de huertos con riachuelo herido. De las cavidades llenas de clavijas y almohadillas de paño surgieron como géiseres chorros de silbos al cielo. Sus manos ora parecían dos gatitos que jugaban y saltaban sobre las teclas, ora eran bandada de garzas blancas que se movían asombradas de lado a lado. Graznaban sobre la nube cuando tronaba el genio polaco que había dentro del piano.

Fue una noche para no olvidar. Una velada con vino maduro servido por una diva muy tempranera enamorada por la catarata que sonaba como sus ilusiones…

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