DEVUÉLVEME UNA GOTA DE LLUVIA
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Especial para Proclama del Cauca
D: —El problema es que se trata del zarzo de los tontos e ingenuos de remate.
R: —Jaja. No perdemos nada con la «tontadera» (como decía mi hija cuando era niña) y la ingenuidad de los simplones. El problema es que nos pretendemos importantes, inteligentes y necesarios, como si ello fuera verdad.
D: —Bonita palabra, variante de tontera. Sí, a veces conviene pasar por tonto, poner cara de imbécil cuando un necio sienta cátedra.
R: —Todo necio con aire de superioridad nos pone en preaviso. Toda obediencia necia es ramplonería mortal. Pero todo tonto natural nos eleva la autoestima.
D: —Es poético (como lenguajes del absurdo) el reencuentro de dos tontos.
Hace un tiempo vi en el INEM dos niñas en cuclillas desyerbando en un jardín; les pregunté: «¿Qué hacen?» Y me respondieron: «Alfabetización».
R: — Jaja. Se parece a las absurdas respuestas de los maestros zen; mire, por ejemplo.
Monje: «¿Qué es una montaña verde?»
El Maestro: «Devuélveme una gota de lluvia».
D: —Jajaja. Destellos de poesía.
R: — «Un monje le preguntó al maestro Fa-Yen:
¿Cuál es el primer principio?
Fa-Yen contestó: Si se lo dijera se convertiría en segundo principio.»
Pero este koan (así denominan las enseñanzas zen a estos llamados de conciencia) no es tan extraño; la gran mayoría son desconcertantes; el discípulo queda sin rostro, digámoslo así. Y entonces, de ese golpe en el vacío puede surgir la Iluminación (si es que ocurre).
D: —Todavía me río de la gota de lluvia.
R: —»Tsao-shan fue a despedirse, y Tsun-shan le preguntó:
-¿A dónde va?
-Voy adonde es inmutable.
-¿Cómo puede ir adonde es inmutable?
-Mi irme es inmutable.»
D: —Es por eso que esos iluminados no escribían: la poesía no salía de la mano que agarraba la pluma, salía toda por la lengua.
R: —Muchos escribían; un intento fallido de comunicar lo incomunicable. “El que habla no sabe; el que sabe no habla”, dijo Lao Tse en el Tao Te King. El dominio de la razón no comprende la iluminación; la razón es un pájaro que grita y se defiende; quiere a toda costa reclamar su pedacito de cielo, que siempre se va.
D: —Así es. ¿A quién se le ocurre que le devuelvan una gota de lluvia? Son lógicas misteriosas, irrepetibles.
R: —Usted ya se ha dado cuenta, yo creo en la poesía ausente de lógica. Encuentro respaldo en la libertad del surrealismo, tanto como en el zen, en un lejano y espiritual contexto. He aquí otro ejemplo de los antiguos monjes chinos:
Huang Po dijo: «Aunque mi sombrero es pequeño, dentro de él está el universo entero».
Nan Chuan contestó: «¿Y qué hay de mí, maestro Wang?»
Huang Po simplemente se puso el sombrero y partió.
D: —Son de pocas palabras los chinos. Mi hija me comenta que tiene entre sus compañeros de estudio a un chino, y me habla de su imperturbable silencio. «Busqué en internet el equivalente de buenos días en Chino. Al otro día lo saludé y se le iluminaron los ojos…», me contó.
R: — Una vez le preguntaron a Krishnamurti, cuyas enseñanzas me parecen semejantes al zen, aunque transportadas a la comprensión occidental: “¿Qué es el silencio?” Él contestó: “El silencio es lo que ocurría cuando yo estaba hablando”, y la audiencia soltó la carcajada. Yo digo: el silencio es el vacío que deja oír todas las cosas; el espejo prístino donde no altercan las precipitaciones de la charla interna; entonces la conciencia se torna un lago sereno, y todo se “oye” en su estado primordial.



