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domingo 13 agosto, 2017 a las 9:06 pm

DESPERTEMONOS

partidos políticos en Colombia
Por Néstor Raúl Charrupí Jiménez
Por Néstor Raúl Charrupí Jiménez

Néstor Raúl Charrupí Jiménez / Escribir sobre política es una de las cosas más hartas que puede haber, entre otras, porque termina metiéndose en la ilusión de algunos de sus entrañables amigos, pero hay que hacerlo, para si uno atina, por lo menos poder decir: se los dije, lo advertí, etc.

Ningún país tiene posibilidades de subsistencia democráticamente si no tiene partidos o movimientos políticos serios, honestos, que pregonen el trabajo honrado, respeten los derechos, sobre todo los humanos, las minorías, que se persiga a la delincuencia y buscando cero corrupción en sus filas.

Con base en estos principios genéricos se inició nuestra era republicana, con dos partidos: el Liberal y el Conservador; el primero como adalid de la libertad y lasitud en lo referido a dogmas de toda especie y el segundo pontificando el orden y la consolidación de valores. Al Partido Liberal pertenecían generalmente los librepensadores, los que propugnaban por la igualdad de sexos, razas, etc. y al segundo los conservadores, manteniendo una estrecha relación con el clero católico, los que creían que los cambios debían ser muy paulatinos y lo importante era el orden para pedir las cosas.

Este sistema bipartidista género la violencia en el país, donde liberales y conservadores se mataban a doquier por la tenencia de la tierra, donde la Iglesia, en lugar de ser sitio de contención de la violencia, fue catalizador, pues se colocó al lado de un partido, el Conservador.

Por ello y acabado el pacto bipartidista del Frente Nacional, aparecieron muchos partidos y movimientos hacia finales del siglo XX, algunos de los cuales aún permanecen, lo mismo que movimientos armados guerrilleros que consideraron, por la “Guerra Fría”, que la única forma de cambiar a Colombia era por la vía armada.

De hecho, esta pluralidad de partidos con la funesta herencia del Frente Nacional nos enseñó a robar y a repartirnos los “botines” del erario entre liberales y conservadores. En este nefasto contubernio estábamos cuando apareció un líder Luis Carlos Galán que ofrecía dar al traste con la corrupción que ya empezaba a carcomernos, cuando además de la corrupción en los años 70 del siglo pasado se nos apareció “El Diablo”: el narcotráfico, que amenazó ruina todos los valores de la sociedad Colombia, degeneró casi todo, hasta la guerrilla, los ideales de otrora los arrasó, ya no valía ser estudioso, sino estar en la jugada del narcotráfico, el concepto de los alcaldes por ejemplo, que eran nuestro simiente de trabajo y orgullo ciudadano, del cual exaltábamos la moral, potenciando el trabajo con una mayor estima social se pretermitió por el que más robara, y si no lo hubiese hecho así era un pobre diablo.

Ahora estamos en una sin salida, los movimientos que aparecen como el Centro Democrático, que es un mal producto de lo mismo, donde sus miembros vienen de sectas religiosas hasta mafiosos confesos. Que tal el Partido de la U que de partido no tiene nada, solo es una cofradía clientelar de los dos partidos tradicionales, simplemente para repartirse el poder y con el agravante que muchos de sus miembros son inescrupulosos. O los movimientos religiosos, algunos mamparas que vienen ayudar, pero a enrarecer el panorama, pues la fe es la fe y la Biblia Hebrea o el Corán nada tienen que estar haciendo en estas cosas profanas. La izquierda reunida en el Polo democrático, es una gallera, como la canción de Celia Cruz donde Tongo le dio a Borondongo, Borondongo le dio a Bernabé, Bernabé le pegó a Muchilanga. El partido de las Farc es una cosa nueva que puede dar sorpresas del cual las gentes tienen mucho temor y dudas, presumimos que han tenido cincuenta años en la clandestinidad paras que propongan algo atinado.

Pensemos bien por quién vamos a votar, pero el panorama es aterrador.