¿Despega el proceso de paz?


Después de la andanada de muertes y atentados desplegados por las Farc, a partir de la ruptura en abril, de la tregua unilateral decretada en diciembre del año pasado, -intentando demostrar que no están derrotadas y conservan alto poder destructivo-, a partir del 20 de julio, de vuelta al cese unilateral de acciones violentas por parte de la guerrilla, la dinámica del proceso de paz parece atemperarse entre negociadores de ambas partes, para desatascarlo, retomando en La Habana, temas candentes como el Reconocimiento y Restitución de Víctimas, por parte de las Farc y la Justicia Transicional, para atenuar condenas a sus líderes, tropas y también incluir a militares, empresarios, funcionarios públicos y políticos que apoyaron a los paramilitares en sus masacres y despojos de tierras. Todos estos sacrificios buscando favorecer la reinserción de diversos actores armados a la vida económica, civil y política colombiana, con gran dosis de perdón, más no de olvido, para evitar repetir la violencia, que ensangrentó el suelo colombiano durante más de 60 años.
Con apoyo varias veces ratificado de las Naciones Unidas, la Cruz Roja Internacional, el Papa Francisco, la OEA, Unasur, la Celac, los gobiernos de los Estados Unidos, la Comunidad Europea y los de Latinoamérica y otros continentes, el proceso de paz, donde parece tener menos apoyo es en el país, según recientes encuestas consultadas, no en los municipios afectados por el conflicto sino en las principales ciudades, en medio de la ofensiva violenta desatada por las Farc, después del asesinato de 11 militares en Buenos Aires, Cauca, rompiendo el cese al fuego unilateral y la respuesta del gobierno reanudando bombardeos a campamentos de las Farc, con más de 30 guerrilleros muertos.
Como en un pulso de fuerza sobre la mesa, después de la arremetida violenta de los insurgentes para demostrar que aún tienen energías, la mayoría de colombianos y en especial los residentes en zonas calientes como El Mango y otros municipios del Cauca, Nariño, Putumayo y el resto del país, esperamos que a partir del 20 de julio, con la reanudación de la tregua unilateral por parte de las Farc, en La Habana se potencien avances para llegar a confluencias mínimas en los puntos pendientes de discusión con miras a un acuerdo definitivo, contando además con participación activa de altos oficiales de las Fuerzas Armadas, para dialogar y coordinarse con los guerrilleros en aspectos técnicos de la desmovilización armada y desminado conjunto en numerosos municipios, lo que según algunos observadores de las negociaciones, ha sido un factor positivo para desempantanarlas, al sentar en la misma mesa a quienes por años se enfrentaron en rudos combates.
En medio de gran pérdida de popularidad y apoyo interno al proceso de paz, según encuestas consultadas al fragor de emboscadas, voladuras de oleoductos, carreteras, torres de energía, etc., el gobierno del presidente Santos espera que al cesar la ofensiva violenta de las Farc, el apoyo de la opinión pública, la mayoría de partidos políticos y medios de comunicación, contribuya a sembrar condiciones más favorables para que germine el proceso, a pesar del terreno abonado que tuvieron opositores férreos, como el expresidente Uribe en cabeza del Centro Democrático y el Procurador Ordoñez, quienes se revitalizaron gracias al retorno de acciones violentas por parte de la guerrilla, que si aspira a ser tratada en los medios de comunicación con términos menos delincuenciales, como los usados en boletines de prensa de la Policía y el Ejército, deberán dejar de cometer los asaltos y atentados recientes y desligarse del narcotráfico, minería ilegal, secuestro y extorsión y reclutamiento de menores.
En fin, como sucede en un pulso de mesa que a veces parece llegar a doblegar a uno de los contendientes, después del 20 de julio, en La Habana, las fuerzas retornan al equilibrio, buscando más un empate decoroso, sin el sometimiento total del contrincante, antes de entrar en la recta final de negociaciones, con un plazo tentativo de cuatro meses para firmar el cese al fuego definitivo.
Después de la andanada terrorista que acabamos de vivir esperemos que marche sin tropiezos la tregua unilateral y en medio de la tranquilidad mejore la situación de orden público en el país y sobre todo en la geografía caucana, y que el gobierno en pleno despliegue una gran campaña pedagógica nacional en la divulgación de logros alcanzados y los puntos pendientes en el proceso de paz, para que renazcan las esperanzas de varias generaciones de colombianos que hemos crecido en medio de las desoladoras y sangrientas crónicas de guerra y al final podamos ver la luz al final del túnel.



