DESPEDIDA A HAROLD


Por Joaquín Moreno.- Unidos en la fe que profesamos la familia de Harold y todos sus amigos, que no son pocos, nos reunimos hoy en este santo lugar para dar el último adiós a su cuerpo. Digo a su cuerpo, a su materia, porque su espíritu que permanecerá por siempre en el corazón de cada uno de nosotros se encuentra ahora al lado de nuestro PADRE EL CREADOR
Tuve la oportunidad de estar cerca de Harold durante un tiempo lo suficientemente largo para conocerlo y hoy puedo afirmar que se trataba de un hombre con corazón de niño, capaz de generar un calor humano envidiable que le permitía ganar amigos con facilidad. Amó como ninguno, amó la vida con verdadera pasión, QUIERO VIVIR cantaba cuando regresó a su casa a esperar el momento de su partida definitiva al encuentro con el SEÑOR. Parecía que cada uno de los poros de su cuerpo transpirara amor siendo a la vez esta, su palabra favorita: “HOLA MI AMOR” como acostumbraba saludar a las damas, así en ese momento lo acompañara el más grande dolor.
Sus falencias físicas nunca fueron óbice para permanecer quieto y siempre él mismo se impuso ocupaciones, realizando actividades acordes con las limitaciones que lo acompañaban. Jamás protestó ni se quejó por sus dolencias e inhabilidades y más bien al contrario: se mofaba de ellas y hacía chistes consigo mismo.
¿Qué podríamos decir de todo esto? Mensajes de vida y principios de comportamiento que lo hacían realmente admirable, y le generaban respeto y un inmenso aprecio. Probablemente apenas ahora comenzamos a entender el alcance de tantos mensajes que nos enviaba a través de su comportamiento.

Hoy Harold ya no está con nosotros, ahora vive la vida eterna como la QUERÍA VIVIR: sin limitaciones ni sentir ningún dolor. Está feliz aun cuando paradójicamente para nosotros sea desconocida la razón de su felicidad, pero ello también nos llena de consuelo. Disfruta de la compañía de su padre Alfonso y de su hermano mayor Harvey, los tres ahora bajo la protección de nuestro padre El Creador, seguramente cantan al unísono con ÉL sin que ya su padre biológico le haga la señal de silencio que en vida le hacía y a la que obedecía con soslayada sonrisa.
Nos queda ahora dar las gracias al Padre Celestial por permitirnos disfrutar las enseñanzas subliminales que a cada instante y sin necesidad de decir nada, con solo su comportamiento Harold nos enviaba y es duro asimilar que resta mucho por vivir y que es necesario seguir adelante sabiendo que nada puede llenar el vacío que dejó.

A doña Marina, la madre que lo amó, lo protegió, le enseñó y lo cuidó hasta el último día de su vida quisiera decirle que cumplió a cabalidad su papel. A cada instante Dios la bendice con cada una de las pruebas que le impone y que usted acepta con la humildad de una madre con un corazón inmensamente generoso. Su misión aún no termina ya que la familia entera la requiere y Dios la tiene destinada para ello. Las bendiciones que ahora y desde aquí envía a sus hijos en el cielo son el parte de haber cumplido su misión con ellos, pero en la tierra resta mucho por hacer y ello es exclusivo de alguien quién como usted destila para sus hijos el AMOR que brotaba de los poros de Harold. Algún día no sabemos cuándo, DIOS decidirá, entonces volveremos a estar todos juntos en el infinito de ese mundo celestial sin que allí exista dolor, en donde se canta con alegría en compañía de los ángeles y se vive bajo la protección de nuestro Dios: allá nos volveremos a ver.



