DESÓRDENES ESTUDIANTILES

Siempre se ha afirmado con entera seguridad y a veces con demasiad prepotencia humana, con el ego elevado a la enésima potencia, que los tiempos que corren son los mejores en cuanto al avance supremo de las tecnologías y las diversas ciencias, en todos los sentidos habidos y por haber. Esta premisa fundamental nadie la discute. Incluso, se recomienda su inclusión en todos los programas educativos gubernamentales, en los diferentes proyectos institucionales con nombres llamativos y de alta alcurnia académica ante los cuales a veces les damos la venia y el respetuoso saludo, por sus elevadas intenciones de formación académica, cultural, social, ética y de convivencia. Incluso, a la par del componente académico, donde a veces se sobrevaloran ahora las llamadas “competencias”, se han organizado los llamados Manuales de Convivencia, muy discutibles a la hora de ponerlos a la práctica, pues ahora son otros tiempos, difíciles de entender y falta mucho aporte y colaboración de parte de los primeros gestores de la formación de nuestros estudiantes: los padres de familia. Es decir, en resumen: los aspectos académicos, tecnológicos y los Manuales, tienen buenas intenciones, pero todo se desmorona, como castillos de naipes a la hora más importante del comportamiento y del cumplimiento de los valores fundamentales, como el respeto, por ejemplo.
Para muestra dos botones: hace días, siendo las 6 y media de la tarde, por la calle 7, entre carreras 10 y 11, iba con mi hija al frente de una heladería, cuando de repente, aparecieron unos estudiantes corriendo y gritando como locos en “manadas”, quienes sin el más mínimo respeto, prácticamente nos arrollaron, casi nos hacen caer y a mi hija, le hicieron caer unas llaves y unos paquetes. Con la rabia que tenía, les alcancé a gritar: ¡atarvanes! Y siguieron corriendo, como si nada. El otro botón, más grande y preocupante, ocurrió en la tarde del pasado viernes 14 de marzo del presente año, cuando algunos estudiantes, entre hombres y mujeres, de la Institución Educativa “Fernández Guerra”, atacaron violentamente a unos policías, por el Barrio Calama, quienes se disponían a separar a dos estudiantes de la misma Institución, quienes estaban protagonizando una riña (versión oficial), y entonces los compañeros, “en pelotera”, trataron de evitar la acción preventiva y se formó “la tremolina”, pasando a la trifulca, al desorden, aumentando el número de estudiantes alborotados y armados con piedras y demás. Del barrio Calama, siguieron a las inmediaciones del Técnico y luego al parque principal, donde todo terminó.
El triste y deprimente espectáculo de los estudiantes, pone de presente el estado real de la verdadera educación, de la ética, del respeto a los ciudadanos de bien, siendo ahora un desafío y una voz de alarma a todas las Instituciones, docentes y padres de familia, para revisar a fondo la situación verdadera, de cómo estamos y para dónde vamos. Todos tenemos la palabra.




