DESAMARGADO


DESAMARGADO

La época navideña trae unas cuantas oportunidades de recordar épocas de niño y costumbres de años lejanos que aún hoy se conservan.
El ser humano va guardando en sus recuerdos, como en un bolsillo secreto, costumbres, celebraciones, comidas, sabores y otras hierbas… En Navidad, con el árbol verde lleno de bombillitas que titilan, aparecen una serie de comidas, dulces, rezos, saludos, tarjetas y juegos.
Ya han desaparecido los juegos deliciosos entre jóvenes y niños. Por ejemplo, hablar y no contestar, estatua, pajita en boca, al sí y al no o el beso robado. A la vez, aparecían los diablos disfrazados que llevaban como un fuete amarrado a un palo y lo golpeaban contra el suelo para asustar a niños e inocentes…
Navidad llegaba a mediados de diciembre y, entonces, empezaban las abuelas a preparar en sus casas el desamargado, la natilla, los buñuelos, arroz con leche, brevas, tamales y el pavo o pisco saraviado y las tiendas se llenaban con panderitos, galletas y vino. Por supuesto, se apostaban los «aguinaldos» y se enviaban mensajes y telegramas deseando la «Feliz Navidad».
Ah, la nostalgia, la añoranza, los recuerdos como que reculan y no saben cómo salir de la memoria colectiva… Aparecen sonidos de villancicos, empiezan a tocar los familiares en la puerta. Llegaban ellos de visita con su «guardado» de regalos y de abrazos.
El desamargado es un dulce-postre vallecaucano que lleva cáscara de limón, naranja, breva, toronja. Hay varias formas de encontrarla en el mercado pero saca la cara en Pan Norte por estos días. Sí, en esta época todo el ambiente navideño debería llamarse desamargado. Quitar, echar fuera las malas caras, retroceder a nuestra infancia y solo quedarse con lo dulce, lo grato de lo que vivimos en todo el año. También los vallecaucanos tienen otra muestra dulce en su comida navideña: el aborrajado.
No solo de comer vive el hombre, pero en Navidad el dulce -venga en forma de manjares o de visitas de amigos -, llena el ambiente. En este preciso momento pasa por encima de mi apartamento un helicóptero cantando el villancico Campanas de Belén. No importa que uno sea creyente, el dulce y el villancico siempre alegrarán la boca y el corazón se llenará de paz y serenidad.
El dulce – sea en la boca de los niños o los adultos – y los villancicos serán símbolo de paz, de solaz y tranquilidad en esta época final del año. El desamargado quitará el amargo de los meses anteriores y dejará en la lengua y el gusto el placer de quitarse el amargo de los días y las noticias y los sinsabores.
Se han escuchado muy poco los tambores y redoblantes de los muchachos que en pandilla de tres en adelante salen a sacar del mutismo a habitantes y transeúntes. No son el símbolo de la Navidad. El desamargado es el nombre preciso: desamarga el ánimo, baja la tristeza y la añoranza y cambia el ceño arrugado.
21-12-18 4:47 p.m.
*******************************************
Otras publicaciones de este autor en: http://www.proclamadelpacifico.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/leopoldo-de-quevedo-y-monroy/



