DEL OTRO LADO DEL SUEÑO


«Me meto la Vida de Cicerón en el bolsillo en que llevo 50 cápsulas». J.M.
A Miriam Rodríguez Betancourt, que fue a Tampa.
El pequeño libro me salta a la mano de manera misteriosa: Es el Diario de Campaña de Cabo Haitiano a Dos Ríos de José Martí de la editorial de Ciencias Sociales de La Habana, 1978. Con dedicatoria del primero de octubre de 1979, del colombo-venezolano, Antonio Castro, poeta y músico. La dedicatoria está escrita con tinta roja y reza: Para Armando e Isabel con el amor de Antonio. El folleto martiano está casi intacto, por no decir perfecto. No tiene, como suelen tener los viejos y leídos libros, las puntas de sus hojas dobladas. Lo compruebo por los subrayados hechos con resaltador amarillo, que en esa primara lectura, resalté frases que me asombraron: “Subir lomas hermana hombres”. Martí dice “lomas”. Y yo a los muchachos y chicas, cuando trepábamos los cerros bogotanos, les decía montañas.
Ahora, y a esta hora, nuevamente, me llaman la atención tantas expresiones y palabras de origen indígena y africano, que, como lo hicieron en su momento, enriquecieron el idioma español: “yaya de hoja fina”, “majagua de Cuba”, “cupey de piña estrellada”, “jutía”, “jaguas”. En cada frase de Martí está el poeta Martí: “Al mediodía, marcha loma arriba, río al muslo y ligero bosque de pomarrosas: naranjas y caimitos. Por abras tupidas y mangales sin frutas llegamos a un rincón de palmas y al fondo de dos montes bellísimos. Allí es el campamento” (…).
Es bello este Diario releído a las tres de una fría madrugada, augurando un día abrasador (…). “El General me dio a beber miel para que probara que luego de tomarla se calma la sed (…). “Domitila, ágil y buena con su pañuelo egipcio, salta al monte y trae un acopio de tomates, culantro y orégano” (…). “Me meto la Vida de Cicerón en el bolsillo en que llevo 50 capsulas” (…).

Es el intelectual revolucionario en cumplimiento de su deber independentista, como lo sería el Che luchando por la Segunda Independencia, cargando en su mochila balas y poemas.
El Apóstol se fija en todo con ojos escrutadores y lo anota en su diario de Campaña: “Prepara el General dulce de raspa de coco con miel (…) “ranchero de los ojos azorados…” Se le sale a cada paso el bardo. Es su naturaleza. Lo capta todo, lo ve todo, con percepción y sensibilidad especial, memoria y atención. Su imaginación vuela y descubre este nuevo mundo donde ahora está y se mueve para estar al frente como presidente, del movimiento revolucionario cubano.
“-El pájaro, bizambo y desorejado juega al machete y pie formidable le luce el ojo como marfil donde da el sol en la mancha de ébano”.
Este Diario es un poema. Tiene la actualidad de la poesía de hoy y de siempre. No acaba de amanecer y estoy conmovido: Es Martí que habla de sus páginas. Se oye nítida su voz:
“…entre los ruidos estridentes oigo la música de la selva, compuesta y suave, como de finísimos violines; la música ondea, se lanza y desata, abre el ala y se posa, titila y se eleva, siempre sutil y mínima:- es la mirada del son fluido: ¿Qué alas rozan las hojas? ¿Qué danza de almas de hojas (…)”. “Juan llegó el de las escuadras: el vio muerto a Flor, muerto con su bella cabeza fría, y su labio roto, y sus dos balazos en el pecho: el 10 lo mataron”.
En esta poesía encuentro a García Lorca. “Ramón el hijo de Eufemio, con su suave tez achocolatada toda, con bronce carmíneo, y su fina y perfecta cabeza, y su ágil cuerpo púber” (…).
Pongo en estructura de versos sus frases y queda el poema:
“Ya están
a nuestro alrededor,
los yareyes
en la sombra.
Ya en la última
agua
y del otro lado
del sueño.
Hoy nació en 1853 el apóstol cubano, poeta, escritor, patriota y mártir. Ahora comprendo por qué de mi biblioteca saltó de manera misteriosa en la madrugada su Diario de Campaña.



