DEBATES PARA APRENDER


Cuando alguien expresa su inconformidad frente a alguna acción u omisión de la administración municipal, es de esperarse la reacción defensiva de algunos funcionarios y partidarios. Sorprende eso sí que aquellos empleados que suelen dejar sus comentarios en las redes sociales, no dejen ese mal hábito de buscar culpables en otros tiempos y en otras latitudes, muchos (as) son aun incapaces de “divorciarse” de ese discurso insustancial en el que dejan toda responsabilidad a sus antecesores cuando algo no les funciona.
Quizá quienes pueden ver mis publicaciones en redes sociales, se habrán dado cuenta que de vez en cuando le doy algo de “pedal” a la gente, pero es que hay cosas que no se pueden callar frente a tanto pan y circo. Muchas personas dirán que no hay nada constructivo en caricaturizar las sandeces de ciertos alcaldes, sobre todo cuando hay tanta gente que se las aplaude, pero la crítica genera debate y en el debate se crean consensos. Me molesta que le resten importancia a la crítica, quienes transitamos por la docencia sabemos lo necesaria que es en las mentes que se forman, y tan escasa hoy día.
En una última publicación, unos funcionarios amigos defendieron muy altivos la plazoleta y los bolardos de la calle 13 frente a la galería municipal. Olvidaron, como siempre, que mis acotaciones no tienen la intención de favorecer gobiernos pasados si no de poner en debate las actuaciones de la administración vigente. Su desaforada réplica afirma que esta obra era “urgente”, y me he dado a pensar que hasta ellos mismos se lo creen.
Es precisamente ahí donde diferimos: hacen creer a la gente que cualquier menudencia tiene carácter de inaplazable, y que han llegado a “resolver el abandono y el olvido de sus antiguos dirigentes”. Pues ni el alcalde de Quilichao es el mesías, ni sus obras milagros. Esta plazuela en particular es una muestra de cuán cómodas suelen ser las disposiciones gubernamentales en el afán de quedar bien con sus electores y disimular los problemas de fondo. Esta millonaria explanada desvía la atención de la necesaria reubicación de la galería, asunto que se politizó hace muchos años cuando se convirtiera en un nicho de votantes potenciales y cuotas partidistas. Pavimentarla, querida amiga de Planeación, fue darle licencia a vendedores e invasores del espacio público para continuar explotando el lugar por mucho tiempo más a cambio de irrisorias cuotas, fue ponerle otro “terminalito” al mototaxismo, fue acolitar la presencia de horrendos establecimientos cantinescos, fue dilatar la reubicación del comercio de este sector, sin entrar a describir los asuntos técnicos y estéticos del tema urbanístico y de movilidad.
Quienes políticamente nos hemos ubicado en las orillas de la oposicion no planeamos una oscura y macabra treta en contra de sus jefes, queridos amigos funcionarios, pero cuando toca decir, por ejemplo, que el director de Planeación Municipal es un irresponsable, toca. En la sarcástica publicación mencionada quisieron apelar a la desgastada perorata de la obra social, pero se enredaron. Siento decirles que perdieron su tiempo aprendiendo la lección del buen samaritano que su cabecilla les ha inculcado.
Pero creo que el tema en cuestión va más allá de los endebles intentos por posicionar el lema de “unidos por el cambio” (porque ni hay unidad… ni hay cambio), como sí lo es la fastidiosa manía de endilgar todo crédito negativo a pasadas vigencias, ya que esta práctica deslegitima todo el DEBER SER de una institución que tiene la responsabilidad de crear, gestionar, corregir, orientar y administrar lo público. Su contratación, amigos funcionarios y funcionarias, obedece a ello, a ustedes no les pagan para señalar, culpar, agredir y desvirtuar.
Basar su discurso el el pasado y en el error, los sumirá cada día más en el fracaso y la improvisación. Recuerden que el pasado no se borra, ni se edita ni se cambia, solo se acepta y se supera.



