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domingo 18 mayo, 2014 a las 2:36 pm

DE NUESTROS ERRORES SÁLVANOS SEÑOR

Phanor Theran
Phanor Theran
Phánor Terán, desde Tunía, patrimonio cultural del Municipio de Piendamó-Tunía
Mayo 16, 2014

Cuando le preguntaron al poeta que estáis haciendo, simplemente contestó: “preparando mi próximo error”.

Verdad que contiene varias verdades, como aquella de que sólo el que hace se equivoca. Quien no hace nada, escasamente podrá, en el peor de los casos, lamentarse de su suerte o de la suerte de los demás.

Por doquier los comentarios no cesan sobre las equivocaciones que en general, todos, los de a pie, los de a caballo, los de carreta, los motorizados en dos, cuatro o seis ruedas cometemos con la elección de nuestros flamantes conductores de la sociedad. Con aquellos que consideramos pueden cambiar el curso de los acontecimientos y llevarnos a un buen puerto.

Con aquellos que consideramos pueden sacarnos de este pantano diario de desgobierno, de mediocridad, de ilusiones falsas, en que comúnmente quedan convertidas las aspiraciones por un mundo mejor.

Cuántos no hay que han pensado en la necesidad imperiosa de una barrida general para que se borren la faz de la tierra, y se exterminen de un solo golpe todas las lacras sociales, en las cuales incluimos los pordioseros, los malandros, los guerrilleros, las prostituciones, las corrupciones y todos los demás drones que nos aquejan.

Y no hemos salido de los males de la guerra, de los desconciertos, cuando en el horizonte aparecen los males de la paz, con su jarza de comerciantes de púlpitos ofreciéndonos vía oración y demás discursos la redención eterna, mientras nos despelucan con rifas, peregrinaciones, donaciones, diezmos, castigos y recompensas del más allá.

No he visto el primer gobernante que haya salido como ha entrado. Tal vez a excepción de Marco Fidel Suárez, de Carlos Lleras Camargo o Carlos Lleras Restrepo. De allí en adelante pare de contar: todo gobernante local, y sus excepciones habrá, termina al menos con buena propiedad en la capital, y eso que se gana una miseria, o para el gasto, en la alcaldía, y con todas las concubinas acomodadas.

Así como no he visto que ningún cura o pastor termine con una mano adelante y otra atrás. Y habrá sus excepciones. Pero en todo caso, el único bien que se alcanza es la prosperidad del que gobierna, mientras los de a pie, a caballo, en carreta o motorizados en dos, cuatro o seis ruedas, seguimos pensando y viviendo aquello de que toda situación es posible de empeorar. Y cada uno, con horror sentimos como vamos de nalgas para el estanco.

Me dio risa, y me perdonen los mineros sepultados en Santander, cuando olímpicamente el gobierno, los gobernantes anuncian que esa situación no se volverá a repetir. A los dos días en Turquía, pasaba lo mismo. Y según me dicen, cosa que no he investigado lo suficiente, por más que sude el alcalde de turno, las máquinas escarbadoras de la tierra, tenían y tienen nombre propio, y no cayeron del cielo porque por alguna aduana pasaron y alguien ha metido el billete para que allí estén. Y dicen los que saben, que esas máquinas son de los mismos que se desgarraban las vestiduras por la tragedia, por la suerte de los pobres.

De la misma forma que la pobreza que nos ronda, tiene algún apellido, mientras los gobernantes que entran a administrar no salen con las manos vacías después de haber calentado nalga como flamantes funcionarios elegidos para lograr, prometiendo, el bienestar del pueblo. Y punto.

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Otros artículos de este autor: http://bit.ly/1nbbf2L

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