De miedos y realidades


De miedos y realidades

Debe aspirarse a la pluralidad en la unidad y a la unidad en la pluralidad.
Benedicto XVI
Con rapidez vertiginosa las manifestaciones sociales se fusionaron y con histeria, permitieron que una muchedumbre corra, grite, salte, dance y camine en todas direcciones; así algunos con intentos divergentes todo lo cuestionen y con sus actos de barbarie mancillen el concepto de justicia social.
Ya pasaron las oscuras noches y por eso, nada es más fácil que señalar las diferencias, gustos, miedos y derechos. Pero esta acentuación de lo diferencial y específico resultó vacía, porque los trasfondos políticos no permitieron el cambio de percepción de las partes involucradas. Pero la verdad es única, en Colombia las movilizaciones dejaron en evidencia que hoy somos sujetos y objetos que adolecemos de todo. Ese “todo” que el Estado nos ha negado hace muchas administraciones.
Por lo anterior urge dar el salto a una visión integrada del desarrollo que logre un tipo de equilibrio diferente entre las políticas económicas y las sociales y que reconozca el papel imprescindible del pueblo en el desarrollo del país.
Después de una semana de caos, terror y vandalismo, el resultado sería la estabilidad y la paz en la sociedad, el dialogo entre las partes; pero aún no ha pasado nada. Todo sigue igual y con una rapidez vertiginosa se alteran los nervios.
Se avecina una nueva ola de insatisfacción y apremia tener en cuenta que todo debe girar en la búsqueda de la justicia social. A partir de hoy todo hombre y mujer debe ofrecer a los otros la posibilidad de reivindicar libremente sus derechos y en igualdad de oportunidades su justa participación en la exigencia de la mejora de su calidad de vida. Si no sucede de esta manera el descontento crecerá a una escala sin precedentes históricos.
Desde el 21 de noviembre se masificaron las posibilidades de comunicación entre las generaciones y entre las distintas ideologías, por fin se rompieron estereotipos y se produjo un sonido que alertó a nuestros gobernantes. Dichas posibilidades intentaron ser rebasadas con la inclusión del terror en el panorama nacional y en el imaginario colectivo. Este día permitió que los problemas sociales como la violencia, los crímenes las desapariciones forzadas, la corrupción, el racismo y discriminación fueran revelados, y como efecto domino más sectores de la población se unieron para clamar justicia, educación, paz, vivienda, salud y exigir una reflexión sobre temas que generaran una verdadera conmoción interior si se implementan.
Debemos dejar claro que las marchas no son un reclamo concatenado únicamente a situaciones adversas de ciertas organizaciones, sino que es una manifestación masiva del dolor, del olvido, de la manipulación que contagió niños, jóvenes, adultos y adultos mayores. Igualmente, la multiplicidad de espacios para la puesta en escena del inconformismo dejó en evidencia la incapacidad del Estado frente a la exigencia del pueblo colombiano.
Por lo tanto, la movilización mostró los efectos de una construcción democrática de sociedad; no obstante, algunos medios dicen que se fue al traste por permitir asignarle una prioridad fundamental al libertinaje. Pero cabría preguntar, ¿por qué NO se debería considerar el hambre, la desnutrición y la falta de atención médica, la educación, los impuestos como menos importantes que el rating?
Estos días aciagos nos permitirán comprender que dichas movilizaciones deben superar el nuevo modelo de política social. De esta manera los señores que controlan el país deben comprender y dar respuesta a lo que están reclamando las amplias mayorías a través de los diversos canales de la democracia. Es hora de renovar la política social pública, agresiva e inactiva, que se precisa deberá contar con una institucionalidad social estatal renovada, con las capacidades de gestión apropiadas, y ser transparente, abierta y activamente participativa.
******************************************************************
Para leer más columnas de opinión de este autor




