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Jueves, 8 de octubre de 2026

De los partidos políticos y elecciones

Consultas Internas 2015 - Partidos Políticos - Colombia
Carlos E. Cañar Sarria
Carlos E. Cañar Sarria [email protected]

La concepción moderna de partidos políticos resalta teóricamente que éstos son los intermediarios entre la sociedad civil y el Estado. Los partidos deben canalizar las necesidades, requerimientos y expectativas de la población para ser llevadas al ámbito de las políticas públicas. Una verdadera democracia exige unos partidos fundamentados filosóficamente, organizados, serios, disciplinados, coherentes, con ejes programáticos susceptibles de ser llevados a la práctica y encaminados al bien público. En el mundo actual, tanto la democracia participativa como la representativa hacen imprescindible el papel que juegan- o debieran jugar- los partidos. La participación popular mediante el voto y demás mecanismos de participación ciudadana no es posible sin estar mediatizada por los partidos.

Los partidos políticos son pilares básicos de las democracias modernas. Nacen y se desarrollan con la participación popular en las decisiones públicas. Se consolidan en los regímenes parlamentarios donde el Gobierno se hace responsable ante el electorado de una nación. Vale la pena preguntarnos: ¿Realmente hay en Colombia verdaderos partidos políticos? ¿Son en verdad intermediarios entre la sociedad civil y el Estado? ¿Poseen unos verdaderos ejes programáticos capaces de llamar la atención y captar conscientemente el voto del electorado? ¿Cuentan con cuadros y dirigentes comprometidos con el bien público? ¿Hacen interesante la política y justifican el arte de gobernar? ¿Están fundamentados en una doctrina política que encarne los valores que exigen constituir la futura sociedad?

La inoperancia de los partidos políticos ha invalidado en cierta medida la instauración de una democracia moderna. Muy distantes están los partidos de ser los reales intermediarios de la sociedad civil  ante el Estado, caracterizados más por fungir como maquinarias electoreras y por prácticas clientelistas que por asimilación de las demandas sociales en procura del bienestar de la gente que dicen representar. El reparto burocrático del poder como principal inspiración de los partidos degrada la democracia y envilece a los electores y ciudadanos. La educación política que debiera ser una de las principales funciones de los partidos no está en el orden de prioridades.

Los partidos políticos en el Cauca

En la actualidad presenciamos el desmoronamiento de los partidos tradicionales al tiempo que aparecen y proliferan otros ‘partidos’ y movimientos que lejos de ser verdaderas opciones de poder, -con escasas excepciones- les caracteriza las mismas mañas y divisiones internas. No existe una verdadera oposición democrática y ello contribuye a dar rienda suelta al continuismo y a la inoperancia. Sin oposición democrática partidista, quienes gobiernan o los partidos que gobiernan terminan con poderes omnímodos. Los partidos hegemónicos abortan el pluralismo e impiden cambios estructurales en beneficio de la sociedad. Cambios que no podrán realizarse con unos seudo partidos y con unos ‘dirigentes’ que sobreviven manteniéndose aferrados a los gobernantes de turno a punta de oportunismo, de clientelismo y de burocracia. Subsisten, se oxigenan, se nutren  y reproducen  de pura politiquería. Esto hace pensar en la necesidad de configurar unos verdaderos partidos que llenen las expectativas de la sociedad colombiana; con unos dirigentes con alto grado de madurez política, y compromiso social que les caracterice la defensa de intereses colectivos. En toda democracia el voto es importante, el problema es circunscribir la democracia al voto, porque la democracia va más allá. Hay que procurar al máximo hacer posibles en especial los derechos sociales y económicos que son los encargados de garantizarles a las personas una existencia en condiciones de dignidad.

La actual coyuntura política nos invita a refrescar el verdadero papel de los partidos en una democracia en construcción como la nuestra, Los partidos y movimientos políticos de antemano deben saber del grado de compromiso y la inmensa responsabilidad que tienen no sólo en el proceso electoral, sino también en el marco de las decisiones y acciones en el momento del ejercicio del poder. Esto indica que hay que estar preparados no sólo para ganar las elecciones sino para gobernar o legislar.

En el caso del Cauca es evidente la falta de cohesión social en la construcción y puesta en funcionamiento de un proyecto de región, que permita al departamento salir del subdesarrollo. Disputas intestinas en torno a coaliciones partidistas y otorgamiento de avales a los distintos candidatos, dan la sensación de un Cauca fraccionado o dividido. Esto no quiere decir que el debate de programas y propuestas se deba evitar y mucho menos que los diferentes avales se den por fuera de un minucioso análisis de las hojas de vida de los diferentes aspirantes. Los argumentos deben estar por encima de las ofensas o descalificación oprobiosa de los contrincantes. Como está de moda el tema de la paz en nuestro país, es necesario también que el actual proceso electoral se desarrolle en un ambiente de concordia y de sano debate para que se impongan las ideas, las propuestas y proyectos, que deben estar por encima de las ofensas personales y descalificaciones mutuas.

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