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Domingo, 4 de octubre de 2026

De la Vida y el Sueño

Gloria Cepeda Vargas

Gloria Cepeda Vargas, 2009

Rodrigo Valencia Q.: Leopoldo de Quevedo y Monroy dice en su artículo (homenaje a Gloria Cepeda V.) de Proclama del Cauca: “Sus sonetos dedicados al Quixote y a su alabardero Sancho son joyas que no han sido aún expuestas a la criba”.

Pues en aquellas reseñas que se publicaron en El Liberal, yo me ocupé de ese pequeño libro de sonetos sobre el Quijote que publicó Gloria, y a cuyo lanzamiento asistí en el auditorio de la Gobernación.

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Por Donaldo Mendoza

“…no es España la nación en que más se conoce el Quijote,
y puede añadirse que no es aquella en que mejor se conoce”…
Miguel de UNAMUNO.

   En la madurez, el soneto. Combinación estrófica de dos cuartetos y dos tercetos, con el metro endecasílabo y la rima consonante, amén de su consabida alternancia. Eso es el soneto en su clásico ropaje. Para quien desconoce los sigilosos caminos de la poesía, no pasaría de ser un hábil juego del ingenio. Para Gloria, que ha vivido siempre en aroma de poesía, fue, sin duda, asumir el mayor reto de su carrera. Conocía los riesgos; y tanto los conocía, que se echó a andar detrás del más intrépido de los caballeros para lograrlo. No será su última obra, porque aún la juventud no le abandona; pero sí vio llegada la hora de un renacer con el soneto.

De mi parte, espero no desfallecer en el intento de poner aquí unas notas, ojalá críticas, sugeridas por la lectura posterior a la memorable noche de la presentación del libro. Advierto que faltaré al sentido de justicia, dado que prescindiré del diálogo que los sonetos entablan con los finísimos trazos del artista Rodrigo Valencia Quijano; digo, para aliviar un poco la culpa, que ese Quijote lector (p. 42), con los dedos descansando en la sien derecha, nos habla de la hondura de su transformación.

El mundo de Don Quijote de la Mancha dio la materia para la concepción del libro “De la Vida…”. Luego, Gloria quiso pagar la deuda que tenía con Castilla, en razón de que ella respira en aire de palabras castellanas. Éste es el castellano romancero / Éste es el castellano milagrero. Los cuatrocientos años que nos separan de Cervantes, Gloria los fusiona, de forma magistral y bella, mediante la caricia lexical y poética: aquerencia, ventridenso, dañadores, bienandante, malquisto…

Echo de menos en el libro de Gloria una de las mayores gracias del Quijote: el humor, que parece haberse inventado con esta obra. Hay en cambio mucho de “Ese libro, el más triste de todos.” (Dostoyevski). Y se entiende, porque en Colombia parece que se naciera para el sufrimiento, nuestra podredumbre. Pero a falta de humor, están las asepsias eróticas de don Quijote: Mi amor por ella -dice- no verdea / en campo de lujuria…

El soneto desarrolla una historia que es conducida por un elemento, esencial en esa composición: el ritmo. En un soneto ‘perfecto’ la música no conoce tropiezos. En “De la Vida…” percibo que ciertas palabras largas (desmantelando, amartelamiento…) no debieron ser invitadas.

En fin, a Don Quijote –dijo Dostoyevski– “no olvidará el hombre llevarlo consigo el día del Juicio final”, y que tu libro lo acompañe, Gloria.

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