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miércoles 17 septiembre, 2014 a las 12:07 pm

De la ética ciudadana

Etica ciudadana
Carlos E. Cañar Sarria
CARLOS E. CAÑAR SARRIA [email protected]

Una de las disciplinas de la ciencia de la Filosofía es la Ética. Encargada del estudio y análisis del comportamiento moral del ser humano. Algunos tratadistas sostienen que la ética es personal y la moral es social; lo cual da una serie de elucubraciones filosóficas que permiten confundir o mezclar la ética con la moral, para finalmente, no dejar claro en donde comienza o termina tanto lo uno como lo otro.

El ser humano tiene un comportamiento tanto personal como social. En este sentido, todo lo que hacemos con conciencia, voluntad y libertad, de alguna o de múltiples maneras repercute en nuestra sociedad. Por lo tanto lo ético conduce a lo moral y viceversa. Tanto lo ético como lo moral puede ser bueno o malo. Lo ético y lo moral no se pueden circunscribir a lo bueno. La disciplina filosófica de la ética nos conduce a discernir y diferenciar el bien y el mal; de ahí que se sostenga que los actos humanos pueden ser moralmente buenos o moralmente malos; éticamente buenos o éticamente malos. Al referirnos a una ética ciudadana, ésta incluye tanto lo personal como lo colectivo.

En el proceso de consolidación de las sociedades modernas, la ciudad es reconocida como una forma de asentamiento humano que presupone un sistema complejo de fenómenos  relacionados con aspectos físico-sociales, socio-culturales, económico-financieros y político-administrativos. La administración de la ciudad y la participación en ella, exige una serie de conocimientos y comportamientos por parte de gobernantes y gobernados que los conduzca hacia la consecución de propósitos comunes, que posibiliten la convivencia y la felicidad de las personas como objetivo fundamental de la Ética. En nuestras ciudades-hemos venido insistiendo- sobran habitantes y faltan ciudadanos. No se demuestra verdadero interés en construir o reconstruir tejido social. Hay presencia de población pero no se evidencia la sociedad civil. La primera existe dispersa, la segunda resulta de la cohesión y del compromiso colectivo. La sociedad civil no será posible sin la formación de ciudadanos y sin sentido de comunidad. La falta de compromisos cívicos entre gobernantes y gobernados, hacen tensas las relaciones interpersonales y conflictivas la interacción entre Estado y sociedad. Lo cierto es que el caos se adueña de las ciudades y la vida en este entorno se convierte en una miseria.

Etica ciudadana

Ruido generalizado, violación del espacio público, desorden en el tráfico vehicular, desatención de las normas de tránsito, semáforos descompuestos y desincronizados, pésima señalización de las vías, alumbrado público deficiente, accidentes de tránsito por irresponsabilidad o imprudencia de conductores, usuarios y peatones; insultos por todos lados, calles, árboles y postes de energía convertidos en sanitarios públicos, perros callejeros, haciendo de las suyas, basuras  por doquier por la improvisación, huecos y cráteres en  calles y avenidas, violencia en la resolución de conflictos,  zozobra por la inseguridad que cada día se agiganta, mala atención en entidades públicas y privadas, construcciones sin  criterios técnicos y arquitectónicos que afean las ciudades y ponen en riesgo tanto la vida como la inversión económica de las personas.

Las ciudades deben convertirse en escenarios donde su gente se sienta gratificada y amañada, donde se mantenga una identidad común que implique el cumplimiento de los derechos y obligaciones que como habitantes y ciudadanos a todos nos atañen. Sin sentido de pertenencia es difícil la participación y la cohesión social que hagan posible un imaginario colectivo de amor por las ciudades.

La indolencia e indiferencia de gobernantes y gobernados termina haciendo de las ciudades una fuente de tedio de la que muchos quisieran salir corriendo. Aterra, por ejemplo, la falta de compromiso colectivo para mostrar a propios y extraños una ciudad estética, como viene sucediendo en algunas localidades como Popayán. Hay carencia de escenarios deportivos y de sitios de sano esparcimiento o recreación para que se utilice el tiempo libre y el ocio. Domingos y festivos se tornan aburridores, pues no hay para dónde ir. Que hay que prescindir del automóvil para evitar la contaminación y para el ejercicio físico; para ello se pregona y aconseja caminar y el uso de la bicicleta pero no garantizan ciclo vías ni calles sin huecos donde los ciudadanos puedan desplazarse seguros y tranquilos.

A los mandatarios locales les compete la responsabilidad de velar por la seguridad de las personas. Ciudades inseguras y al garete desdicen de los gobernantes y demás autoridades.

Las obras de cemento son importantes, pero más importantes son los buenos ciudadanos. Por falta de compromiso colectivo de construcción de ciudadanía, las ciudades se les salen de las manos a los mandatarios locales. Las vallas abundan por todos lados en temporadas electorales, pero por ninguna parte se ven vallas que convoquen comportamientos ciudadanos de compromiso y amor por las ciudades, por el medio ambiente, por el respeto al otro, por la recurrencia al diálogo en la solución de conflictos y diferencias, etc.

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