Redacción Cali – Por: María Antonia Hurtado.
El presidente electo Abelardo De la Espriella confirmó este 27 de julio una reestructuración profunda de la política exterior de Colombia que empezará a regir desde su posesión, prevista para el 7 de agosto. Las medidas incluyen el cierre de 14 embajadas y cerca de 15 consulados, la ruptura de relaciones diplomáticas con Cuba y Nicaragua, la cancelación de la embajada colombiana en Palestina y la reapertura de la sede diplomática en Jerusalén, Israel.
Las embajadas que serán cerradas son las de Argelia, Azerbaiyán, Barbados, Cuba, Chequia, Etiopía, Ghana, Haití, Hungría, Malasia, Nicaragua, Rumania, Senegal y Sudáfrica. A esta lista se suman cerca de 15 consulados. El anuncio fue realizado por el mandatario electo en una transmisión en sus redes sociales la noche del domingo 26 de julio y ratificado en pronunciamientos oficiales este lunes. Según indicó, la medida responde a un plan de optimización de recursos y a la unificación de representaciones bajo un mismo embajador por país.
Frente a Cuba y Nicaragua, De la Espriella aclaró que el cierre de las sedes sí implica una ruptura total de relaciones diplomáticas. Sostuvo que su gobierno no mantendrá vínculo alguno con lo que calificó como tiranías. Con el resto de los países mencionados aseguró que las relaciones bilaterales se conservan, pero la representación diplomática quedará concentrada en otras sedes de la misma región.
El anuncio también incluye la cancelación de la embajada colombiana en Palestina, propuesta durante el gobierno saliente de Gustavo Petro y para la que había sido designado como embajador Jorge Iván Ospina, sede que nunca llegó a entrar en operación. En paralelo, Colombia reabrirá su representación diplomática en Jerusalén, Israel, revirtiendo la ruptura promovida por la administración Petro durante el conflicto en Medio Oriente.
La reestructuración se conoce a menos de dos semanas de la posesión presidencial del 7 de agosto, cuya sede podría trasladarse a Cali tras la proposición que este lunes debate la Cámara de Representantes. Es la mayor reorganización del servicio diplomático colombiano en décadas y marca un giro respecto al enfoque de política exterior del gobierno saliente.