De la brevedad del tiempo


De la brevedad del tiempo
1974 – 2024

Es habitual, en adultos, frecuentar lecturas que ‘ayuden’ a sobrellevar los años que restan por vivir. En mi caso, el interés no está tanto en esas obras que el anónimo lector llama de “autoayuda y superación”, sino en autores que habitaron siglos en donde había tiempo y lugar para sentir y pensar; en donde lo que quería el sabio era buscar en sí mismo, y no tanto en los demás…
Al empezar este artículo, el propósito era elaborar una reseña del texto «De la brevedad de la vida» (55 d.C.), del filósofo latino Lucio Anneo Séneca (4 a.C. – 65 d.C.). Pero cuando escribía las primeras líneas, saltó a mi memoria una fecha hondamente significativa en mi vida: los 50 años de mi grado de bachiller –quinta promoción– en el recién fundado (1968) Colegio Nacional “Agustín Codazzi”. Para mí, como para cualquier graduando, el bachillerato es el periodo más bello de nuestras vidas.
En efecto, el bachillerato, aparte de ser el acceso a la ilustración (la primaria es como el ‘despertar’), es también el periodo de los sueños –¡y en aquella época sí que lo era! –. Para algunos tuvo también el valor agregado del amor, que en ciertos casos se consumó en matrimonio. En mi caso pudo más el sueño; porque era el desafío de romper el muro de la pobreza y poder cursar una carrera profesional. El destino me señaló la ciudad de Popayán, en donde cursé la licenciatura en Literatura y Lengua española. La misma ciudad me abrió la puerta al trabajo y a otros estudios, y más adelante la formación de una familia.
Así pues, no es tanto que la vida sea breve, lo que ocurre es que el tiempo es demasiado terco: solo sabe conjugar el verbo «pasar», y nada más. Y han pasado cincuenta años, desde aquel memorable 30 de noviembre de 1974, que aún siento cual si fueran unas largas vacaciones… Pero no, son ¡cincuenta años! Y en ese lapso, innumerables cosas han sucedido, entre ellas la muerte temprana de algunos compañeros: Eridis Barros, Maritza Corzo, Beylith Herrera, Alfonso Oliveros, Alfonso “Chito” Ovalle, Augusto y Rafael Quintero, Jorge Lenin Torres…
La rueda de la fortuna nos señaló distintos destinos en la geografía nacional, y a otros en el exterior… La nostalgia me indujo a madrugar un poco con esta columna, a fin de encontrarme, desde lo espiritual, dado que distintas circunstancias hacen imposible convocar a todos para el abrazo en ese otro hogar que fue el colegio. Aun así, será una oportunidad para celebrar la vida y la amistad.
Entre tanto, sigamos aprendiendo sobre los misterios de la vida y el tiempo. Y para despedir el artículo con reflexión, les comparto dos frases de Séneca, que ayudan a ver con otros ojos esos misterios: «…no recibimos una vida corta, sino que nos la hacemos, y no somos indigentes de ella, sino dilapidadores». «No tenemos escaso tiempo, sino que perdemos mucho». Hasta siempre.
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