DE FESTIVAL ANDA LA POESÍA EN MEDELLÍN
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Locombiano
Debo estar loco para hablar bien de algo. Sí. Me toco los flancos y palpo mis caderas y estoy en sano juicio. No estoy oyendo a Caracol ni viendo en televisión cómo se lavan las manos el congreso, el gobierno, los exmagistrados y el fiscal de buenas razones. Todos. Pero yo estoy del brazo del amor en Medellín oyendo a colombianos, franceses, nigerianos, españoles, filipinos, griegos, wayúus o a un jamaiquino crear imágenes y metáforas en un leguaje que hasta suena a reagge o jitanjáfora con tambor, al estilo de Guillén.
En la bella Villa, además de gozar del buen clima, de viajar cómodo en metro, ir al Patio del Tango a ver bailar, a bailar entarima y comer churrasco del bueno, todo mundo está en la onda de la poesía. Fernando Rendón y sus tesos tienen una organización tenaz de más de 140 poetas de todo el mundo y decenas de talleres, conferencias y performances.
Para cada día hay un menú diferente en salas, teatros, museos, hoteles, bibliotecas, centros comerciales, universidades o parques. La Alcaldía de la ciudad, el Ministerio de Cultura, las embajadas y empresas privadas se han sumado a fortalecer este espacio que ya lleva su 22ª edición. Este año el Festival Internacional de Poesía está dedicado al “espíritu de los pueblos aborígenes”. Al efecto están invitados poetas y poetisas de las Naciones Inca de Perú, wayúu de la Guajira y Cesar y embera del occidente colombiano, mapuche de Chile, de Ecuador, de México, maorí de Nueva Zelanda. En sus idiomas originales los hemos oído cantar, suspirar, gritar por un mundo mejor y en paz.
Asistir a este Festival ha sido un grato placer. Venimos de Cali a ver cómo los paisas aman la poesía y llenan los escenarios y no hemos sido decepcionados. No es la primera vez. Cierto que algunos critican lo que los ojos ven y no creen lo que ocurre. Piensan que es una verdad a medias y que el gran presupuesto que se ha venido gestionando no se ve. Pero la realidad es otra.
Quienes hemos leído, viajado, saludado de mano a escritores, poetas y artistas estamos maravillados de ver la calidad de la lírica, la puntualidad en los horarios, la excelente presentación que de cada artista hacen los maestros de ceremonia. No en vano el Festival de Medellín tiene experiencia y la aprovecha para mejorar cada año.
Anoche en el teatro Luis Felipe Vélez, Adida copatrocinó la presentación de los poetas Javier Alvarado de Panamá, Carlos Framb de Colombia, Mookie Katigbak de Filipinas, Vito Apúshama de la Nación wayúu, y cerró con la sorpresa de la fuerza expresiva, potente voz y musicalidad del jamaiquino Malachi Smith, cantautor y poeta seguidor de Bob Marley. Fue todo un espectáculo. Su poema Misssippi hizo resonar el rumor y encanto del río emparentado del famoso Nilo y en honor a Lady Day.
Seguiremos felices emprogramados en el arte de Homero, de Safo, de Neruda, de los cancioneros y souls de lamento para alejar los malos espíritus de la manida política con su corrupción y algarabía. ¡Felicitaciones, Medellín y organizadores de este manjar aderezado por musas y corazones anhelantes. Esteremos en primera fila para tomar apuntes, tomar videos y no perder la metáfora y la imagen que nos sorprenda y nos entone el ánimo! Este Festival es faro y ejemplo para encontrar caminos de paz y cohesión en nuestra sociedad.
28-06-12 10:30 a.m.
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