De excusas e ironías


De excusas e ironías

Soy perfectamente consciente de la ironía que encierran mis palabras – Mackintosh
El personaje colombiano que vive del fútbol se caracteriza por la movilidad de su método dialógico y por su permanente actitud irónica. Además, sus rendimientos son emocionales e inquisitivos y casi siempre redundan en diversas conclusiones paradójicas que dejan al hincha con un sabor agridulce en la boca. Quizás, por la sequía del gol, por el madrazo reprimido o la exaltación que genera asistir al mundial en Qatar.
En Colombia, estos comportamientos resultan ser las formas propias de su comportamiento, el resultado de un golpe de mano a un líder que pretendía sacar lo mejor de cada uno. No obstante, en su quehacer deportivo, y quiero seguir pensando que es así, su naturaleza dialogante, su ejemplo para una generación ávida de modelos debe imperar sobre los beneficios económicos y los privilegios.
Hoy, estamos fuera del Mundial de Qatar 2022, y no por calidad, o nombres de talla internacional, sino por tres razones. La primera, por culpa de una dirigencia corrupta, amañada en el poder. Sus decisiones y falta de carácter dieron origen al caos. Estoy seguro que esos millones que entrega la FIFA les faltaran. La segunda, por un caudillismo malsano, capitalista y manipulador. La gran mayoría de los jugadores entre lujos, excesos y prebendas de exorbitante calibre vendieron la ilusión, jugaron con los sueños de gloria, pisotearon la bandera y sobre todo se rieron de la frágil condición de soñadores. Ellos no les interesa Colombia. La tercera, debemos ser conscientes que nuestra cultura folclórica nos permite realizar las obras a medias, no esforzarnos al máximo, condonar esfuerzos para al final y dejar en manos de terceros lo más importante.
Estamos ante una gran encrucijada, donde aparece un tanto serio y también lúdico nuestro jugador de fútbol. Estos sujetos de sueldos astronómicos, de mirada perdida y risa burlona a veces la prensa los presentas como un irónico sabio, ignorante de su saber, y con una capacidad única para escaparse de todas las determinaciones posibles. El caso puntual ir al mundial. Es la hora de cambiar de ídolos, de referentes sociales. A acaso, ¿no recuerdan su silencio cuando el país estaba sumido en el caos por el estallido social? ¿Será posible que ahora salgan a los medios a decir que hicieron todo y que no les alcanzo?
Suena paradójico, pero se les puede creer cuando tienen hambre de gloria y el honor recorre su piel, y la fuerza para cambiar las cosas hacen parte de su ADN. En este caso, el llanto, dolor, arrepentimiento y decepción no se evidenció. Solo un descaro frenético, una apatía e indiferencia total, al punto de la risa y los pulgares arriba. ¡Payasos!
Ojalá hubiesen seguido el ejemplo de otras selecciones en el mundo que día tras día lo dieron todo y al no poder se les vio su agonía por haber fallado a un pueblo que les confió su gloria y honor. Basta ya, es hora que haya un verdadero cambio, no más James, Cuadrado y de lo mismo. Quédense con sus fortunas y permítanle a nuevos jugadores que tienen ganas de vestir la camiseta. Pare señor Rueda con su discurso pendenciero y su actitud de perdedor, con su petulancia y su poco garbo. Fuera Jesurún y González y su cohorte de sinvergüenzas que no quieren soltar la gallina de los huevos de oro. No más de mediocres que no corren, saltan, meten, que no la dan toda. Fuera, fuera.
Para concluir, este territorio mágico y de encanto sin par tiene un saber positivo sobre las cosas del amor, la perseverancia y la fe y sabrá sobreponerse del duro golpe. Sin embargo, nos espera unas elecciones presidenciales y espero que no sea la situación que vive la Selección Colombia un ejemplo de lo que puede pasarnos como país sino elegimos bien a nuestro gobernante.
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