Ir al contenido principal

Red de Medios Proclama del Pacífico Noticias

Pico y Placa Domingo:
Popayán No aplica
Cali No aplica
Domingo, 4 de octubre de 2026
lunes 19 octubre, 2009 a las 7:26 am

DE CAPOS Y MUÑECAS

Por: John Harold Giraldo Herrera
Docente Auxiliar
Universidad Tecnológica de Pereira
[email protected]

Colombia no solo vive el karma del narcotráfico: lo ha espectacularizado. Al volcarlo a la pantalla chica, así como a la grande, lo ha puesto en un lugar común entre la población, además es nuestro producto representativo de exportación, pues apenas se están pasando por la programación nacional ya se vislumbran, como en el caso de Sin tetas no hay paraíso, que sean el pan de ver en otros rincones del mundo. Así como lo hará el fastuoso Capo y las descoloridas pero siloconoidas muñecas de la mafia, de igual modo cobra mucho valor El cartel de los sapos (con esos títulos no hay nada para descubrir: son nuestras narco-narrativas).

Uno de nuestros detonantes más perjudiciales nos sirve como un gran arrebato de múltiples miradas, son el espacio propicio para llorar y hacernos llevar el seguimiento a unos matones, hechos gloria en la pantalla.

Foto:telenovelasconfidencial.com

Se podría pensar que al llevarlas a la pantalla se exorciza la situación, es decir, podría convertirse en un aliciente para superarlos, aunque es mucho pedir para un espectáculo masivo, porque su función es entretener, dejar que utilicemos nuestro espacio de ocio, permitirnos alimentar nuestro homo videns, sin embargo, la televisión y sus formatos nos alimentan el espíritu y nos recrean la cultura, al tiempo que son un espejo para vernos y fomentar en nosotros unos elementos ideológicos, por tanto, al estar muy lejos –el poder (en Colombia el contubernio de narcos y políticos, así como de empresarios y poderosos es también un lugar común) y quizás el anhelo de la sociedad- de acabar con esa clase social que ha causado tanto daño a la sociedad; lo que quizás aportan estas golosinas visuales, es naturalizarlos: son parte nuestra, y así nos esté costando una estela nutrida de estragos, toca convivir con ellos.

Pero al naturalizarlos hay algo voraz: permiten promoverlo. ¿Qué joven no ve en la Perris, en Nancho o en alguna de las muñecas un modelo a seguir? Tal vez muchos digan que ahí está su camino, aunque las presunciones de las narcoseries intenten promover una idea contraria, lo claro es que los villanos son nuestros héroes: los idolatramos, queremos ser como ellos y nos hemos sensibilizado al punto que nos congraciamos con su humanidad. Sus desgracias son las nuestras, porque algo sencillo logra un artefacto narrativo: ubicarnos en el lugar del otro ¿los entendemos, o logramos justificar su presencia? No se sabe, sin embargo, podría ser otra nuestra de forma de ser, si tal vez los héroes fueran otros, si los valores agenciados no sean la sangre, el maltrato, la negligencia, la compra de la vida como cualquier otra mercancía.

El poder de estos impresionantes relatos, no solo postra a media Colombia en la pantalla chica en una noche –como lo dice el rating, que sube y sube cundo una de estas series salta a nuestras vistas- y a seguir paso a paso, escena tras escena, episodio tras episodio, venganza tras venganza, muerte tras muerte, odio tras odio la mutilación de nuestras creencias. No hay que ser tan ingenuos, las narcoseries nos colman de angustias y zozobras, al tiempo que nos deleitamos con un mundo con el cual convivimos con el vecino, con el amigo que se fue de mula, la muchacha que se gana la vida de prepago, el duro que traquetea, el amigo que le hace las vueltas, el estudiante que vende la heroína en la universidad, la señora que le guarda los paquetes al señor que le da unas buenas propinas, la víctima que sin nada que ver se encontró una bala perdida en una esquina, en fin, la cultura narco no es para nada invisible, se palpa muy fácil entre nosotros, y no solo eso, nos ha causado múltiples baños de sangre, desolación, y es el motor de muchos de los conflictos que nos sumen como sociedad en la impotencia y la desgracia. Hoy convertida en un espectáculo para aplaudir y conmovernos, pues ese es su lenguaje: llegar a nuestras fibras más sensibles.

¿Es válido entonces que la pongamos en pantalla? ¿Ayuda para frenarlo? O ¿es una forma de perpetuarlo? Pues estas narrativas no solo demuestran vender, comercializar publicidad, realizar una competencia incesante con el canal rival, ubicando la más decorada de las narcotizantes series, sino que son la forma como recreamos la vista: el horror desde el control remoto bajo una mirada de complacencia.

Foto: masguau.com

Parece además que el narco-relato va augurarse para rato, vienen dos nuevas producciones: Las prepago y Las Fantásticas, mientras que se prepara El cartel de los sapos II, y quien sabe cuántas más habrán en cocción. Es cierto, no tenemos porque esconder la cabeza frente a un fenómeno que ha hecho metástasis entre nosotros, ha permeado todas las esferas, que sigue tan vivo y generando “opciones de vida”, ahora genera opciones de ocio y entretención.

Mientras que los guaches, el derroche y la degradación están enseguida de nosotros diciéndonos: el narco está acá, está allá: saludándonos desde la pantalla y nosotros estamos acá en medio de un fuego cruzado en medio de una apuesta ficcional: el rating, mientras que en la realidad el narco es El capo con muchas muñecas de títere.

Leer más…

Articulos relacionados

sábado 3 octubre, 2026 a las 1:22 pm

220 jóvenes de Timbío recibirán apoyo cafetero

sábado 3 octubre, 2026 a las 12:59 pm

I.E. Leopoldo Pizarro de Miranda es campeona departamental

sábado 3 octubre, 2026 a las 12:19 pm

López de Micay conecta campo, juventud y tradición