DAMA DE LA MANO AZUL



Pensativa y distante, te atienes a la espera.
La tarde es cielo y mensaje de luz; algo cruza rectangularmente atrás, donde no miras. Y es ideal el descanso que se puede contagiar en ese sitio.
¿Tienes acaso un nombre, algo qué contar, se fue tal vez la mascota que iluminaba el rincón?
Pocas cosas tienen nombre cerca tuyo. Es tan cerrado tu silencio, en tu rostro no hay alegría ni disgusto. La soledad redunda en tu mirada, se nota que tus ojos miran sin mucha intensidad; más bien se dirigen a lo interno, hacia donde algún jardín desconocido invita a contemplación ensimismada.
Levemente posas, y el pintor te vio; eso es indudablemente un hecho. Pero ni tú ni él estaban presentes al lado de las voces que gritaban fuera. La tarde era serena, los arcos separaban de lo que constituye un mundo, tu cabello rojo insinuaba que todo desorden tiene un comienzo y un final.
Y algo fantástico: ¿por qué esa mano azul? ¿Acaso has tocado algo de cielo, tu vida pertenece a otro mundo, a otra latitud, donde los barcos tienen alas cuando cruzan distancias infinitas y el sol no los alcanza?
¡Oye…! ¡Espera un poco, no te vayas todavía! Quisiera que tu nombre, que nunca me dijiste, permanezca en blanco. Así la fantasía no morirá, y la presencia muda de las cosas seguirá siendo tu eterna compañía.
RVQ



