CURSILLO DE APARIENCIA


Esta exigente sociedad pone en apuros a la gente, que en permanente competencia unos y otros, se ve en la necesidad de mentir y mostrar falsedades.
La apariencia es un arma poderosa para mantener un nivel, o por lo menos para no descender ante el público, así en privado sea lo contrario.
Es bueno recurrir al teatro y cuando se encuentre en medio de sus amistades, fingir una conversación telefónica con alguien importante, en la cual se hable de planes, proyectos, nombramientos, traslados etc. (El aparato que se use debe ser de alta gama).
Si no tiene carro, o posee uno «regularongo», tome la opción de alquilar uno lujoso para ir a lugares importantes.
Cuando vaya por la calle, porte códigos de derecho, o libros de medicina, para dar a entender que se está profesionalizando.
Al ir al supermercado, llene totalmente el carrito metálico, y paséese por todo lado, así al final no compre algo. Si va a comprar lotería, o hacer chance, cuídese de que no estén mirando.
En reuniones, procure ubicarse entre los importantes.
Publique fotos de todo acto social, y sobre todo, rodeado de gente de peso. (Y de pesos).
Al hacer un viaje en un carro destartalado, no hable de eso, y si lo hace, use palabras como aeropuerto, vuelo, pista de aterrizaje, azafata, pilotos, altura, presurización, y sala de abordo.
Hable de platos exquisitos, no de aguapanela, chocolate y buñuelos, o café negro con barquitos de queso que navegan. No es tan difícil aparentar. Hágalo y siéntase mejor y más aceptado.
LO QUE NO ENSEÑAN LAS UNIVERSIDADES
Leyendo una entrevista al afamado narrador de fútbol Rafael Araujo Gamez en el diario El Liberal de Popayán, surge la idea que la miren los estudiantes de comunicación social.
Este locutor goza del prestigio de haber transmitido varios mundiales, aparte de los partidos en Colombia.
En la radio surgen los aciertos y los errores, éstos últimos que hacen repensar las cosas, e inclusive aceleran la creatividad.
Araujo Gámez, echó mano a su propia iniciativa para sacar adelante transmisiones en muchas partes. Creó frases y palabras de aliento a los equipos y los aficionados. Le puso a su narración adornos de su propia inspiración que no desentonan. Todas esas cosas no las da el aula, sino el talento, la vocación de servicio, y el afán de cautivar toda una audiencia, aunque él si fue a la universidad pero a estudiar otra cosa.
En esto de las comunicaciones hay que dejar fluir las facultades propias, traducidas en alegrías, penas, sinsabores, triunfos, derrotas y demás. Trabajar con base en esquemas es como estar en una jaula, que queriendo volar no se puede. Rafael Araujo demuestra, como tantos otros narradores colombianos, que hay que surcar el espacio, agitar las alas y recibir el beneplácito del público.



