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Domingo, 4 de octubre de 2026

¿Cultura o violencia?

Carnavales de Negros y Blancos - Balboa - Cauca - Conciertos

LIBRETA DE APUNTES.

Fabrit Cruz - web
Por: Fabrit Cruz @FabritCruz

Desde hace algún tiempo me he dado cuenta que de manera habitual, justificamos algunos comportamientos y actitudes de las personas bajo el concepto de “Cultura” y los ratificamos como algo normal y bueno. Esa costumbre es una rara tendencia que se ha convertido en la respuesta recurrente para justificar los comportamientos de la sociedad. Pongo algunos ejemplos:

Uno: Muy temprano en la mañana prendo la radio y escucho a Cristina Plazas Michelsen, directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, “indignada” por el concurso infantil  “Miss Tanguita”, un desfile de un ramillete de niñas menores de 10 años en vestido de baño que lleva 20 años de tradición en el departamento de Santander.

Este acto “(…) hace parte de la cultura de Barbosa”, manifiesta luego, Maryuri Rocío Galeano, alcaldesa local.

Dos: Llegó el mediodía y mientras almorzaba me encontré con otra noticia. Una mujer que conducía por una vía urbana de Medellín se llevó por delante un guarda de tránsito de la Policía para evadir un comparendo. El agente de manera ágil logra sujetarse de un borde del capot del automóvil y es arrastrado cerca de 600 metros donde cae.

Mientras observaba pensé en alguna de las películas de ‘Rápido y furioso’. ¿Cómo el policía puede viajar a 40 kilómetros de velocidad, en esa posición? ¡Eso solamente lo puede hacer Toreto y O’Conner!

La acompañante al ver mi cara de asombro, entre risas, mi insistió que en Colombia esa conducta es normal. Que hiciera memoria y recordara lo que pasó en Bogotá con un funcionario público en mayo del año anterior.

Ella hablaba del concejal de Chía, Carlos Enrique Martínez, quien con tragos en la cabeza, protagonizó una fuga de película, en contra vía y terminó estrellando la camioneta en la Escuela Militar de Cadetes. Todo por evadir un comparendo.

Tres: Me retiré del restaurante y de camino al trabajo, paso por el parque de Carantanta. Decenas de árboles y varias plantas agonizan en talco. Las calles del lugar aún no terminan de sacudirse por el polvo. El césped aún está deshecho. De pronto recuerdo que durante el jolgorio un periodista local fue agredido por no dejarse untar de “alegría” y “cultura”.

Cuatro: Horas más tarde, en la web, me encuentro con una columna de opinión. Cerca de 50 personas fueron llevadas de urgencia al Hospital Francisco de Paula Santander después de ser afectadas por cal en sus rostros, en medio de las pasadas fiestas “culturales” de Blancos y Negros en Santander de Quilichao, al norte del Cauca.

Cinco: En la noche, mientras estaba atrapado en medio de un trancón vehicular en el centro de la ciudad, motociclistas no tienen inconveniente de montarse al andén y pasar por en medio de los peatones.

Tiempo después, pensé en todo lo acontecido. Curiosamente todos los casos estaban directamente relacionados con un concepto de cultura.

Me rehúso a aceptar que algunos comportamientos de las personas, como los nombrados anteriormente, sean justificados e interpretados como algo normal y por lo tanto aceptados porque hace parte de la cultura y la idiosincrasia del pueblo, es decir, las costumbres y hábitos de la gente.

Si las cosas son así, seguirá siendo normal que el hombre le pegue a la mujer, matarse por un color de camiseta, botar agua el 5 y 6, apoyar el asesinato de toros, seguir viendo novelas de narcos y artistas -sinónimos de “cultura reflejada”- o que se apruebe que un funcionario público robe el erario público siempre y cuando sea “poquito”.

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