CUARESMA


CUARESMA

Dicen que estamos en «cuaresma«, término que, como tantos otros de pretendida religiosidad, nos distinguen semánticamente unos días de otros. «Imaginarios culturales pasivos», les llamo yo, toda vez que, opino, en el fondo no inciden absolutamente nada en nuestro ínterin existencial sagrado, relacionados, eso sí, con la religión o religiosidad de nuestros ancestros, llamada «católica«, fundada sobre malentendidos que no supieron acercarse ni entender la sabiduría de un Pablo; religión que, con su medianía, no tiene verdadera medida para profundizar en el síntoma interior existencial.
Para una verdadera religión hace falta voluntad, no esa dejadez, esa inercia para penetrar en profundidad en las propias vidas y en las cosas. Y, por tanto, ese camino mediado por la multitud, gregario, de imitación, inútil en objetivos, que abunda especiosamente en exterioridades, quizá hasta el fin de los tiempos, es lo que, dicen, forma «hombres» en la norma de imitar todo lo demás; marca y sello de una existencia que extenderá su inercia por siempre entre muros de moho y conveniencias sociales «ventajosas».
¡Lástima, es lo único que nos muestran!; incluso en la tan encumbrada y llamada «educación»: un reglamento-seguimiento de academias que pernoctan en la «distinción por alcanzar», pero no salen del camino trillado. De allí mi fobia a todo saber académico, por «distinguido» que sea; a toda escuela ordenada y manipulada por el sistema. Pero es en esta subversión donde algunos vemos la única dirección, sentido y norte de toda renovación espiritual, interior, Aquello que nos impulsa entre los ruidos fastuosos del mundo.
¡Disculpen!
**RVQ**
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