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Viernes, 2 de octubre de 2026

CUANDO TODOS DUERMEN EN EL BARCO

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Bulevar de los Días
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Loco-mbiano
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http://elhombredevitruvio.wordpress.com/2013/03/16/jonas/

…cuyo trabajo era seguir sacudiendo el barco
para mantener despiertos a los ciudadanos.
Alberto Manguel. Lecturas sobre la lectura. En: Jonás y la ballena. Pág. 363

Otra vez he retomado a Manguel quien en cada página sugiere temas que apasionan. ¿De qué cantera sacará este autor tanto mármol y pensadera? Afirma verdades duras, golpea la nuca sobre el yunque de las conciencias.

Todos recordamos a un pedestre predicador antiguo, metido a profeta. No conoció el telescopio ni los binóculos pero veía el interior de los intestinos y el corazón abierto de Nínive.

No eran los vicios, ni el hambre, ni el cólera o el escorbuto lo que padecía ese pueblo casi maldito, aunque ya existían las EPS. Todos vivían en un barco y sus pasajeros, aunque andaban sobre dos pies y tenían cabeza, padecían el mal de la inconsciencia y sus ojos estaban nublados.

Jonás era un periodista sin sueldo que escribía en el viento a medida que iba caminando por calles, restaurantes, oficinas públicas, juzgados e interventorías. Tenía fuego en su pecho y sus palabras eran lenguas de azote. Nadie lo quería en el pueblo porque los aburría su verbo que los aconsejaba cambiar de rumbo.

Un día subió al techo del barco y abrió su boca como un megáfono. «Si no despertáis, moriréis como esclavos y padeceréis en la galera. ¿Por qué os dejáis maltratar si veis que os trata el gobierno como tontos e inútiles? Mientras tanto los corruptos acaban con el erario y se tapan con la misma cobija».

Los guardianes y galeotes se enfurecieron con la reprimenda del periodista y azuzaron al resto del pueblo para que apresaran a Jonás por venir a echar sal sobre sus carnes abiertas. Vino, entonces, un vendaval y todos le echaron la culpa al periodista porque el barco se estaba moviendo mucho.

Esas son palabras del diablo, eso va contra las sanas costumbres de andar ciegos y sin hablar. Lancémoslo a la mazmorra o, más bien, encerrémosle en un costal
y echémoslo de patitas al mar.
Así cesará la protesta,
y todos seguiremos igual.

En efecto, el alguacil mayor escribió el edicto y con voz fuerte lo leyó el acólito. Jonás debería salir del barco y dejar tranquila a la gente dominada por los galeotes. Jonás, como pasa siempre, fue silenciado y echado infeliz por la borda. Allí lo recogió piadosa una ballena y lo mantuvo vivo en un aposento oscuro por tres días. Tuvo tiempo de releer y repensar sus proyectos que habían causado el gran vendaval y que cuyas olas habían barrido la ceguera, como invisible basura.

La ballena lo transportó sano y salvo por dentro de las olas y lo depositó frente a la Alcaldía en donde el barco estaba atracado. De nuevo allí les habló a la oreja: «Pueblo vapuleado, no agachéis la cabeza. Estáis a punto de que el barco vuelva a zarpar y volváis a quedar a merced de ese vaivén de la política que es peor que el huracán. Allí todo será para vosotros aullar y rechinar de dientes, porque nadie os querrá oír ni curar».

Todo el pueblo escuchó y se quedó pensando si era mejor no volver a votar o quizás, votar en blanco, para acabar con tanta ralea que los mantenía como zombis, sumergidos en el letargo.

15-12-13                            11:35 a.m.

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