CRUDA REALIDAD

Periodista y Subdirector de PROCLAMA
La prostitución infantil nos puede parecer un problema lejano, pero la tenemos a la vuelta de al esquina, es algo incomprensible pero no se acaba. La prostitución infantil, por supuesto, nunca es voluntaria y va acompañada de miedo, palizas y drogas.

Cuando un individuo busca mantener relaciones sexuales con niños o niñas y no quiere correr el riesgo de ser denunciado, tiene una segunda opción: acudir a la prostitución infantil. Si es que dispone de dinero suficiente como para permitírselo. Por otro lado, se encontrará con la dificultad de encontrar un individuo o club que se lo facilite, pues la prostitución infantil se esconde mucho más que la prostitución de adultos. Pero una vez salvados estos dos obstáculos, cualquier individuo puede convertir en realidad sus fantasías con una niña o un niño, esclavizado y obligado a ser un objeto para el uso sexual. Dicha prostitución Infantil nunca es voluntaria y va acompañada del miedo, el hambre, las drogas y multitud de circunstancias más, que pueden convertir la existencia tanto de un menor como de un adulto en un auténtico infierno que siempre sobrepasará nuestra imaginación.
En Colombia son desarticuladas redes de prostitución infantil todos los años, a quienes además se les incautan miles de fotografías y vídeos de menores, que serían vendidas de particular a particular o mediante catálogo y casi siempre en países distintos al de procedencia para evitar su posible identificación.
Para tomar conciencia real de esta situación conviene que reproduzcamos el modus operandi de muchos de estos grupos de proxenetas y pederastas.
La captación y el rapto
¿De dónde salen las niñas y niños explotados en la prostitución infantil? Fundamentalmente se obtienen de los cinturones periféricos y las zonas marginales de las grandes y pequeñas ciudades, tales como Medellín, Cali, Bogotá, Pereira, (entre otras del Cauca); las salidas de grandes y medianas discotecas; o de los menores escapados de sus casas. Una investigación demuestra que hay muchos factores que obligan a los menores de edad a prostituirse. Se demuestra que la mayoría de estos son las necesidades económicas en el hogar, la huida de casa y la búsqueda de autosustento, la drogadicción, la explotación por parte de un proxeneta. Las consecuencias que este abuso puede traer a los niños son: drogadicción, suicidio, asesinatos, depresión, alcoholismo. Las víctimas de este abuso además de ser prostituidas pueden ser vendidas en el exterior.
La retención y el secuestro
Las organizaciones de prostitución utilizan apartamentos de piso completo y clubs para retener a los menores. Una vez que han caído en uno de ellos comienza el verdadero calvario. Las niñas son encerradas, golpeadas y violadas por sus proxenetas durante varios días. De esta forma ninguna de ellas será virgen y habrá tenido varias experiencias antes de recibir a su primer cliente, a no ser que alguno de éstos esté interesado en una niña virgen. Por otro lado las palizas y amenazas aseguran el silencio de las menores, muchas veces aun después de ser detenidos sus proxenetas. En ningún momento dejan de ser vigiladas y no pueden salir a la calle. Normalmente son obligadas a drogarse con cocaína para aumentar su rendimiento o con heroína para doblegarlas, convertirlas en drogadictas y hacerlas así dependientes del proxeneta-camello.
Desenlace
Los menores que caen en manos de estas redes tienen pocas posibilidades de escapar. Si no son liberados por la policía pueden terminar siendo vendidos en el extranjero y no regresar jamás. Pueden ser asesinados cuando ya no sirvan o caer por una sobredosis. Pueden convertirse en drogadictos o simplemente no volver a recuperar su estado emocional normal. Un adolescente de 15 años que ha pasado por esto tiene muchas probabilidades de no recuperarse nunca totalmente de los traumas psíquicos y físicos sufridos a una edad en la que el ser humano es tremendamente vulnerable mientras intenta moldear su personalidad.
En nuestro país hay decenas de pisos y clubs en los que se prostituye a menores de edad colombianas y de otras nacionalidades. La existencia de varias redes de corrupción de menores en Colombia, en un momento determinado, puede suponer la explotación real de cientos de menores en dicho momento. Y para convertir esto en un negocio tan lucrativo es necesario que muchos miles de clientes demanden sus servicios. Los testimonios de muchas de las menores liberadas, en los que se describe cómo eran obligadas a trabajar durante toda la noche, nos permiten hablar de un número importante de clientes repartidos por toda nuestra geografía.
Sólo en Cali, desde 50 y hasta 150 mil pesos, se está pagando en las calles para conseguir una «niña virgen» y tener relaciones sexuales.
Menores entre los 8 y 15 años de edad están siendo explotados sexualmente por sus padres, quienes los obligan a que vendan su cuerpo o se dejen tocar por dinero o de lo contrario los maltratan o los dejan en la calle.
María, una niña que desde los 15 años se dedica a vender su cuerpo al mejor postor en las calles de la Capital del Valle, en diálogo con Proclama, dijo que luego de ser violada por varios hombres, durante una rumba con sus amiguitas, le quedó gustando y ahora se ofrece por $100 mil pesos.
Sostiene que hombres en autos lujosos y hasta «gringos», es decir estadounidenses, pagan desde 20 a 50 mil pesos para que les consigan niñas menores de 10 años para tener relaciones sexuales, a quienes les pagan $150 mil pesos.
La menor agregó que los padres son los que dan mal ejemplo, ya que obligan a los niños a que consigan dinero y si no lo hacen, les pegan o no los dejan entrar a la casa.
Esta situación es muy preocupante, porque es difícil identificar a los proxenetas o padres si no son denunciados, los cuales están obligando a sus hijos a que se dejen acariciar de extraños como una alternativa económica para sobrevivir. Lástima, pero es la cruda realidad!




