
LOS ARRIMADOS
Crónica 1415 de Gardeazábal
El terremoto afectó puntualmente a los estratos 3 y 4 de Cali, Pereira, Roldanillo y otras poblaciones medianas. Los jefes de los hogares damnificados son, en un gran porcentaje, profesionales y asalariados con bríos para no dejarse hundir, o jubilados muy cansados para volver a empezar.
Casi ninguno de ellos tiene más ahorros que la casa o el apartamento que se les inhabilitó, un carro, una mascota y algún saldito en el banco. No pueden irse a alojar en un hotel mientras evolucionan porque la mesada fija no les alcanzaría. Están demasiado colocados en su nivel social para irse a meter a un coliseo debajo de una carpa.
Pero, como casi todos tienen parientes y amigos, gran mayoría de ellos salieron al quite y les abrieron con gusto las puertas de sus hogares para recogerlos: son, desde entonces, LOS ARRIMADOS. Una nueva subclase social que ha surgido en la zona desvertebrada por el terremoto.
Todos van a soportar casi que el mismo comportamiento. Los inundará la gratitud, pero se sentirán incómodos donde están porque resulta evidente que, después de algunos días de convivencia con un extraño, las relaciones intrafamiliares van a resentirse.
Y, pasados unos días, se convencerán no solo de que están arrimados, sino de que están a punto de terminar siendo un elemento disruptor en la tranquilidad del hogar que los acogió, ya sea por temperamentos encontrados o por la mascota que aportaron y, más temprano que tarde, o se van o los invitan a irse.
Siquiatras y sociólogos deberían estar estudiando esta nueva subclase social. El Estado o la entidad que finalmente cuajen para administrar la reconstrucción debería tenerlos en cuenta desde ya.
Garantizarles una vivienda, así sea menor que la de su estatus antes de la hecatombe, podría ser posible. Que se les aporte un porcentaje alto del valor de la vivienda nueva y ellos puedan garantizar el pago del saldo con el sueldo o la mesada de jubilación podría ser una salida.
De no ser así, tendríamos que abrir otra nueva subclase social: la de los pobres vergonzantes… y serían muchos.
BALONES CORRONCHOS
Crónica 1417 de Gardeazábal
No sabe uno si Abelardo es un tipo muy de malas porque el primer lunes en que actuaba realmente como presidente se le vino abajo media Colombia, o si de verdad es un presidente muy de buenas porque le tocó la prueba de fuego como mandatario y administrador de la cosa pública sin haber alcanzado a contaminarse del mundillo de las OPS y los contratos negociables de la política, que él nunca había ejercido antes de ser electo presidente.
Por la manera como ha ido armando ese andamio de urgencia, por la velocidad con que ha ido aquí y allá y, sobre todo, porque, pese a su inexperiencia y su evidente desconocimiento del país y de su historia, no vaciló en tomar el modelo óptimo del Forec y, congregando gente capaz a su alrededor, logró generar confianza.
Tal vez se haya equivocado con algunos nombramientos. Quizás hasta se haya sobrepasado en no entender que, desde el 7 de agosto, dejó de ser un showman para ser el presidente de todos los colombianos, incluidos los petristas.
Pero el país ha tomado, en una semana, la sensación de que tiene un gobierno guiado por la lógica y el sentido común, no por las ideologías caducas o el deseo de venganza.
Sin embargo, en algunas actuaciones se deja ver su corronchería provinciana. El episodio de los balones regalados en la Costa Pacífica, y que ha sido magnificado como una tontería, es pura y legítima corronchería.
Igual podría catalogarse lo que casi nadie vio: el impecable traje negro, corbata negra y compostura de doliente en velorio de Sahagún con que se presentó en su discurso nacional del lunes pasado. O la ridícula vacación samaria de fin de semana del ministro de Vivienda cuando tantos nos quedamos sin techo.
Pura corronchería provinciana, porque en este país ya solo van de corbata y saco a los entierros los de la élite. Exagerar estos deslices es muy colombiano, pero no puede ocultar que Abelardo, corroncho y todo, lo está haciendo mucho mejor de lo que hasta sus fervientes partidarios creían que iba a gobernar.
SE FUE GENARINA
Crónica 1418 de Gardeazábal
Hace muchos años, cuando estaba de alcalde de Tuluá y en Zaragoza ejercía Luz Piedad, la madre de la hoy senadora Corcho, me escribió Genarina, la profesora del colegio Marco Fidel Suárez de esa población
antioqueña, para pedirme criterio sobre uno de mis libros, tal vez La Boba y el Buda, que la habían repartido en el Metro de Medellín.
Se me pierde en la memoria lo que pude haber contestado, pero, con el trajín de la vida, me toparía con Leiman, su hijo, un negro brillante tanto de piel como de inteligencia, y volví a saber de ella. A distancia y por interpuesta persona relanzamos el nexo.
En más de una oportunidad apelé a su sapiencia, como cuando el lío de los mineros de Zaragoza y la DIAN, y en otras veces más hablé sobre ella con cuanto moreno de ese pueblo se conectaba conmigo por las diversas razones de mi oficio de cronista diario.
Todos la recordaban con inmenso cariño como la profesora de los niños de su pueblo, lo que indica muy a las claras que en sus mentes estaba fresca la gratitud por quien había enseñado en esa canícula.
Por su hijo, que ahora preside exitoso su empresa de construcciones civiles en Nariño, Quindío y Antioquia, supe de su enfermedad y del deseo de conversar conmigo, aunque fuese por Zoom. Lo hicimos y, si bien ya eran notorios su enfermedad y sus 71 años, tenía el mismo temple que todos sus antiguos alumnos le reconocían.
Hace un mes, cuando se sintió un poco mejor o acaso ilusionada por los magos mentirosos de la oncología, me hizo llegar una foto como si estuviera en sus días gloriosos, con un bluyín de marca, un turbante de colorinches y la misma mirada de mando que siempre tuvo.
El pasado domingo, en el puente de Yuto, sobre el río Atrato, donde había nacido, su única nieta traspasó al caudaloso y millonario río sus cenizas, mientras una pertinaz llovizna chocoana la despedía como diciéndole gracias a la maestra de temple, la que aconductó esa negramenta rebelde y ninguno la olvidó.
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