CREPITACIONES 2008
Por Lic, Javier Enrique Dorado Medina.
Afiliado al CNP, Colegio Nacional de Periodistas, Comité Norte del Cauca.Después de un largo receso, producto de múltiples factores relacionados con las actividades finales de mi trabajo docente, vuelvo al ruedo periodístico, mi verdadera pasión, para seguir comentando con preocupación los últimos sucesos que han descarrilado la normal vida ciudadana quilichagueña, por culpa de la búsqueda del dinero fácil.
Me refiero, claro està, al tema del año, a las famosas pirámides, las cuales, revestidas con nombres pomposos para atraer a las personas ávidas de conseguir jugosas ganancias por arte de magia, aparecieron de un día para otro en nuestra bucólica “Tierra de Oro” y ante la mirada displicente de las autoridades encargadas del control de la captación ilícita de dinero (desde el mismo Presidente hacia abajo), se posesionaron a su amaño en sitios estratégicos de nuestra ciudad y comenzaron a devorar, al igual que pulpos marinos, toda las platicas de los incautos ciudadanos, incluyendo primas de navidad, cesantías, ventas de casas, motos, joyas, créditos de los bancos, primas de gracia, los ahorros de toda una vida, en fin, intentando conseguir mas y mas, con un frenesí inconmensurable, desbordando los límites normales de la razón y el buen juicio.
Cual mas quiso “aprovechar” los espejismos presentados, desde los más humildes hasta los más encopetados, cada uno con una historia personal respetable, con visos dramáticos y dolorosos, tratando de mejorar sus necesidades apremiantes, de pagar sus deudas, de cambiar sus casas, de pagar las matrículas de sus hijos, de tener una navidad más decente, de sobrevivir con dignidad y con decoro, pero queriendo tener mas y mas en algunos casos, llegando hasta la codicia y la avaricia, desembocando en los problemas de orden público que ya sabemos y en el clima de tensión que aún persiste en el ambiente.
Conocí dos casos, para corroborar lo anterior. El primero, de una señora quien vendió su moto con la cual hacía sus domicilios y empeñó sus joyas por un alto valor, entregando esos dineros a una pirámide. Y el otro, de un camionero, quien vendió una tractomula, dinero que invirtió en una pirámide y entonces, vendió otra, haciendo la misma operación y entonces, cuando todo iba viento en popa, explotó la pirámide y adiós plata y tractomulas.
Como conclusiones sabias, no hay que creer nunca más en las personas y pirámides que nos ofrecen esta vida y la otra y que es mejor trabajar con el sudor de la frente. Dios quiera que a todas las personas que entregaron sus dineros, se los devuelvan a la menor brevedad sin tanto trámite. Y que las autoridades, de verdad, desempeñen sus funciones a carta cabal, defendiendo los intereses populares a capa y espada.





