Conflicto armado en el Cauca
Por Walter Aldana Quiceno
Por un interés creado el Gobierno Nacional desconoce la existencia del conflicto armado y aunque sus asesores, iniciando con José Obdulio, y pasando por todos quienes tienen que ver con el orden publico le dan carácter de terroristas y narcotraficantes a las guerrillas presentes por más de cuatro décadas en el país, lo que nadie puede desconocer es que esos “grupos”, tienen en el caso de nuestro Departamento una inmensa capacidad de sembrar zozobra y miedo.
Por cuarta vez en este dos mil nueve las FARC atacan la población de Corinto al Norte del Cauca, ¿el saldo trágico? 3 civiles asesinados, veinte heridos, a plena luz del día, en el mercado, a punta de granadas y metralla los insurgentes pretendían tomarse el cuartel de la policía.
Los hombres del batallón Pichincha van tras el rastro de los guerrilleros del sexto frente, los consejos de seguridad se realizan a marcha forzada, Acción Social hace presencia para aparecer en las noticias -después han de pasar meses y años para que las “ayudas” gubernamentales lleguen a las victimas-, el Gobernador del Cauca solicitará el Batallón de Alta Montaña para la zona, y las organizaciones indígenas motivarán actos de solidaridad con los Nasas y población en general de Corinto.
Los investigadores de la Corporación Nuevo Arco Iris quienes presentaron en Popayán una monografía sobre el conflicto armado en la semana anterior lo dijeron: “las zonas de mayor preocupación para las autoridades oficiales son en el Meta y Norte del Cauca” y la arremetida guerrillera a esta población lo confirman, es más el estudio evidencia un cambio en la modalidad operativa; de las tomas a cabeceras municipales pasaron a utilizar las criminales minas antipersonales y los francotiradores, es posible que lo de Corinto sea la excepción que confirme la regla.
La sociedad civil en nuestro terruño debe iniciar la construcción de una AGENDA REGIONAL PARA LA NEGOCIACIÓN, donde temas tales como; tierra, biodiversidad, derechos humanos y participación política (más allá del ejercicio de mando por dos siglos de los Mosquera), megaproyectos; su impacto ambiental y social y el aspecto minero, entre otros sean parte de una futura negociación desde los bloques de poder territorial.
Negociación desde los espacios departamentales fuertes que imprimen las dinámicas a los conflictos o dialogo de sordos desde los intereses de bloques de poder social, económico y político centralizado en la capital del país, creo es hoy la disyuntiva.
Por un interés creado el Gobierno Nacional desconoce la existencia del conflicto armado y aunque sus asesores, iniciando con José Obdulio, y pasando por todos quienes tienen que ver con el orden publico le dan carácter de terroristas y narcotraficantes a las guerrillas presentes por más de cuatro décadas en el país, lo que nadie puede desconocer es que esos “grupos”, tienen en el caso de nuestro Departamento una inmensa capacidad de sembrar zozobra y miedo.
Por cuarta vez en este dos mil nueve las FARC atacan la población de Corinto al Norte del Cauca, ¿el saldo trágico? 3 civiles asesinados, veinte heridos, a plena luz del día, en el mercado, a punta de granadas y metralla los insurgentes pretendían tomarse el cuartel de la policía.
Los hombres del batallón Pichincha van tras el rastro de los guerrilleros del sexto frente, los consejos de seguridad se realizan a marcha forzada, Acción Social hace presencia para aparecer en las noticias -después han de pasar meses y años para que las “ayudas” gubernamentales lleguen a las victimas-, el Gobernador del Cauca solicitará el Batallón de Alta Montaña para la zona, y las organizaciones indígenas motivarán actos de solidaridad con los Nasas y población en general de Corinto.
Los investigadores de la Corporación Nuevo Arco Iris quienes presentaron en Popayán una monografía sobre el conflicto armado en la semana anterior lo dijeron: “las zonas de mayor preocupación para las autoridades oficiales son en el Meta y Norte del Cauca” y la arremetida guerrillera a esta población lo confirman, es más el estudio evidencia un cambio en la modalidad operativa; de las tomas a cabeceras municipales pasaron a utilizar las criminales minas antipersonales y los francotiradores, es posible que lo de Corinto sea la excepción que confirme la regla.
La sociedad civil en nuestro terruño debe iniciar la construcción de una AGENDA REGIONAL PARA LA NEGOCIACIÓN, donde temas tales como; tierra, biodiversidad, derechos humanos y participación política (más allá del ejercicio de mando por dos siglos de los Mosquera), megaproyectos; su impacto ambiental y social y el aspecto minero, entre otros sean parte de una futura negociación desde los bloques de poder territorial.
Negociación desde los espacios departamentales fuertes que imprimen las dinámicas a los conflictos o dialogo de sordos desde los intereses de bloques de poder social, económico y político centralizado en la capital del país, creo es hoy la disyuntiva.
[email protected]
Julio 21-009
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